viernes, 1 de julio de 2011

La vida de los otros



Recientemente he leído en un blog un suceso que me ha dejado pensativo. Tanto es así, que estuve dándole vueltas a la cabeza -no como la niña del Exorcista, pero casi-  durante un minuto o dos. Pensar más de un par de minutos en la misma cosa nos convierte en obsesos y en clientes de psicólogo y no es plan, que luego te inflan a pastillas. Bueno, lo que importa es que me pareció lo suficientemente grave para escribir sobre ello y aquí estoy. Fue más o menos así:

Hace unos dos meses, un señor compra una tarjeta de memoria de 1 Gb para su cámara digital en unos grandes almacenes que no voy a nombrar para no hacerles propaganda. Encima tienen un nombre grandilocuente: Hiper Kor o algo así. Al pagarla, se fija en que la tarjeta viene en su blister perfectamente sellado de fábrica y es, además, de una marca conocida por su calidad, y no precisamente por ser de las baratas. Sellar un envase de esos solo es posible hacerlo en su fábrica, os lo aseguro yo. Hasta aquí, todo normal. Lo bueno viene cuando, al llegar a su casa, introduce la tarjeta en la cámara y, por aquel instinto tonto del ser humano que tantos disgustos ha traído a la galaxia, le da al botón de visualizar. ¡Tachaaan! Aparecen, nada más y nada menos, que 125 fotos de una familia celebrando las Navidades... ¡pero las del 2005!

El señor en cuestión vuelve a los almacenes a reclamar y a protestar por el hallazgo, no sin antes soñar con una indemnización multimillonaria al estilo de las de los tribunales norteamericanos, o en su defecto, en una tele de plasma como compensación. Qué menos ¿no? Los empleados le reciben con toda la suspicacia del sistema solar y algo más. "Eso es imposible"; "venía sellada de fábrica"; "aquí no se aceptan devoluciones de bla, bla ,bla que no estén formateadas", y demás excusas típicas de manual de ventanilla de atención al cliente. El señor queda con los empleados en que, cuando reciban explicaciones del fabricante de la tarjeta, le avisarán. Lo hacen pasado un tiempo, pero no resultan muy convincentes que digamos, así que el comprador de un artículo vendido como nuevo, pero que no lo era, cuenta lo sucedido en su blog con foto y todo.

Lo gracioso, o mejor dicho, lo inventado de esta historia, viene cuando el propietario de una de las caras que aparecen fotografiadas se reconoce a sí mismo en la foto que ilustra el blog, se pone en contacto con el blogero y este retira dicha fotografía. Y yo me pregunto: ¿Cómo se identifica? ¿Le manda una foto actual de su careto? ¿Le ofrece detalles de las personas y las cosas que aparecen en las fotos? ¿Todo el que devuelve una tarjeta de memoria sin formatear anda de blog en blog para ver si alguien publica sus fotos? ¿Si te pasara a ti, renunciarías a una tele de plasma? ¿Tú devuelves tarjetas usadas para que cuelen como nuevas?

¡Buff! Demasiadas preguntas. Voy a echarme una siestecita a ver si pienso en otra cosa. Pero no más de dos minutos, que odio las pastillas.


jueves, 30 de junio de 2011

No es fácil ser el Sr. Skywalker.

Para los que crean que cualquiera puede ser yo, siento deciros que es algo muy difícil. Ved, si no, la gente que lo intenta todos los días y no llega.




Humildemente dedicado a los grandes Carlos Latre y Constantino Romero (la Voz).

martes, 28 de junio de 2011

Gases Imperiales.

Ya sabéis el viejo recurso de los guionistas malos: si algo no hace mucha gracia, añádele un poco de "cacapedoculopis" y, por lo menos, la gente se reirá un ratito.




O no.

miércoles, 22 de junio de 2011

¡Whaka, whaka, eh, eh!


- ¿Llevas los tiques de la cena, Arturo?
- Sí, Leia.
- ¿Y el bañador? Que mira que todos los años acabamos en la piscina y luego es un empastre.
- Sí, lo llevo. Pero lo del verano pasado fue porque la selección de la galaxia ganó el Mundial y había mucha alegría. No creo que este año pase igual.
- Bueno, bueno, princesa prevenida vale por dos.
- ¿Nos falta algo más? ¿No, verdad?
- No, creo que no, Arturo.
- Bueno, pues vamos a bajar de una vez, que ya estarán todos los vecinos sentados y cenando. Siempre tenemos que ser los últimos. Fijo que el Altosybajos ha acabado ya con el vino bueno. Ya está aquí el turbo-ascensor.
- El caso es que tengo la sensación de dejarme algo en casa. ¿A ti no te pasa a veces que llevas como un run run en la cabeza...?
- ¡¡¡LOS NIÑOOOOS!!!


Las fiestas de la Estrella de la Muerte es lo que tienen: que estresan más que al Papa de turismo por Afganistán. Bueno, por lo menos a cualquiera que, como yo, esté en la comisión que las organiza. El motivo de estas celebraciones es que ya ha acabado el cole y eso da mucha alegría... sobretodo a las chicas que trabajan de canguro y a los que organizan campamentos de verano, porque alegría a los padres, lo que se dice alegría, como que poca. 

La cosa dura casi una semana con actividades por las las tardes. Lo del primer día empieza siendo de un tamaño que, entre todos los padres que formamos la comisión, lo podemos tener bajo control. Juegos típicos para niños: el pañuelo, las sillas musicales, las carreras de sacos (Aquí ya es donde un padre se tiene que ausentar de la organización para acercar a urgencias a un niño que se ha abierto la cabeza. Nada grave, a Dios gracias), los play backs, la cuchara y el huevo, las cucañas (que creo que en otros planetas les llaman piñatas), etc. Mucho dolor de cabeza por el griterío de los chavales, pero bien. Más gritan en la bolsa de Nueva York y sobreviven. Al día siguiente, el baloncesto, el pádel para los padres, futbito, parchís, ping-pong... En este caso ya hay que salir de la Estrella de la Muerte para ir a unas pistas de basket cercanas, donde nos las tenemos que ver con algunos alienígenas y otros seres que suelen poblar este tipo de canchas porrerodeportivas. No, pero si no pasa nada. Nunca ha habido sangre por esto. Sencillamente llegamos diez o doce padres vestidos todos igual, con treinta o cuarenta niños, con las pelotas y con nuestras propias redes para las canastas y la verdad es que imponemos. Casi todos los años se han marchado a oír el reggaeton a otro sitio sin rechistar. Al final, medallas para los críos y agujetas para los padres.

Al tercer día de fiesta cambiamos el suelo seco y firme por la piscina. Castillos hinchables, toboganes y demás artilugios del demonio para que los pequeños bárbaros salten, griten y se den chapuzones sin control. Carreras de natación, juegos y música terminan de decorar la tarde. Como si de una tradición secular se tratara, acabábamos tirando a la socorrista -vestida con una camiseta blanca, por supuesto- al agua para la alegría de los padres. Este año, la empresa que lleva el mantenimiento de la piscina, ha cambiado a la jovencita salvavidas por un maromo ciclado de casi dos metros y cara de pocos amigos. Creo que ya es hora de ir terminando con las tradiciones absurdas. ¿No?

Y el día grande, el gordo, el importante, es el de la cena. Primero, para que no nos molesten, damos unos bocatas, fanta y montañas de patatas fritas a los niños y les ponemos a ver una película sentados en el suelo. Le llamamos "cine de verano". Qué original. Al que se lo puso deberían darle un Goya. Sea como fuere funciona y nos dejan tranquilos casi dos horas. Nosotros tenemos la fiesta en la cocina, quicir, mientras Andrés, nuestro Ferrán Adriá particular, se trabaja un arroz a banda que no se lo salta un gitano, los demás miembros de la comisión revoloteamos a su alrededor como los buitres sobre la carroña en la sabana africana, pero con una diferencia: los buitres no pueden volar sosteniendo una cerveza en la mano. Nosotros sí.

- Andrés: ¿No se te está pasando un poco?
- Tú sí que te estás pasando. ¡Tres pueblos, malandrín!
- Oye, para mí que le falta un poco de sal.
- Y a ti te falta un riego y no te lo digo a todas horas, pesado.
- Pues mi madre tiene un truco infalible: le pone una pizca de vinagre al agua de cocer y así el pescado suelta más sustancia.
- Pues dile a tu madre que venga y lo haga ella, porque yo me voy. No os aguanto.
- Yo a esto le echaría más arroz. Vamos a quedarnos cortos.

En las mesas no falta de nada: vino, gaseosa, cerveza, refrescos, ensaladillas, patatas bravas, sepia plancha, calamares y embutidos. Todo lo necesario para que cuando llegue el arroz nadie tenga ya hambre... pero se lo coma sin rechistar. ¿Por qué? Porque está muy bueno. Las cosas como son. Durante la cena tiene lugar el sorteo de la rifa para sacar fondos para la fiesta del año que viene y, como colofón, el esperadísimo y universalmente aclamado espectáculo pirotécnico a cargo del Sr. Skywalker. Ya os imaginaréis los que conozcáis el planeta Che: aquí todo lo celebramos con pólvora.

Y después, todo buen yantar tiene que ser bajado. ¿Cómo? Pues a la española: bailando. Montamos una verbena en menos que canta un gallo -con un mp3 y unos altavoces- y así, gracias a los Village People, Shakira y Conchita Velasco movemos el esqueleto y le damos al roncola o al mojito hasta que los niños ya no aguantan más tiempo despiertos y nos piden de rodillas que les acostemos. Bueno, por eso y por la vergüenza que les entra al ver a sus madres cantando y bailando a pleno pulmón el "Se acabó" de María Giménez. Sí, los pobres. A veces no somos conscientes de estar creándoles un trauma imposible de superar a lo largo de sus vidas. Eso de ver a tu santa madre levantándose la falda y aireándose los bajos con ella dando vueltas sobre sí misma y descalza... ¡Buff! Eso es muy difícil que se te olvide. Eso, si no es con psicólogos...

Y a la mañana siguiente carrera popular para todas las edades: vuelta a la manzana (no llega a un kilómetro, que no se asuste nadie) y horchata para todos. ¿Quieres repetir? Pues el año que viene más.

Qué cansado ¿no?


viernes, 10 de junio de 2011

Como te digo una co, te digo la o.


Hace unos días mostraba al mundo mi indignación desde este medio, y hasta me solidarizaba con la juventud que se manifestaba en distintas ciudades contra la crisis, los políticos y la manera en que los segundos gestionan la primera a beneficio de unos pocos y contra la mayoría de nosotros, los ciudadanos de la galaxia, que pagamos con nuestro esfuerzo el desatino de los que nos han metido en este lío. Sus razones son mis razones y su indignación es mi indignación. Nada ha cambiado desde que escribí la entrada. Nada, salvo que, de aquella juventud enfurecida, heterogénea, plural y hasta educada y pacífica poco queda ya.

Hoy, los telediarios muestran otra cara de la protesta: la de unos pocos jóvenes, antisitemas y perroflautas en su mayoría, en unas actitudes poco pacíficas y con unas intenciones poco democráticas. Continuar con las acampadas a día de hoy, cuando la gran mayoría ha decidido desmontarlas por su poca efectividad y el rechazo generalizado de comerciantes y vecinos, solo demuestra que no tienen nada mejor que hacer ni sitio mejor donde ir. En lugar de campamentos donde reunirse, de foros donde debatir -think tanks, que diría un pedante- , de icono de rebeldía juvenil, han devenido en auténticos poblados chabolistas, cutres y antihigiénicos. Su inicial reclamo para despertar las conciencias de todos nosotros pierde efectividad conforme pasan los días. Cada vez queda menos gente en ellos y cada vez, esa gente es menos representativa de la sociedad a la que pretende representar.

Por otra parte, pretender boicotear las tomas de posesión de ayuntamientos, parlamentos autonómicos y diputaciones provinciales, elegidos en democracia es, además de un delito contra el Código Penal Galáctico, un ejercicio de dictadura. Lo que han decidido las urnas, bien decidido está, aunque no nos guste. Hemos visto como algunos de estos jóvenes increpaban por la calle a los políticos que iban a sus respectivos lugares de trabajo. A mí tampoco me parece bien que haya representantes públicos imputados en casos de corrupción, pero eso no me autoriza a zarandearlos cuando me cruzo con ellos por la calle. Los ha elegido el pueblo, a lo mejor equivocadamente, pero no puedo decir que no me representan. Los perroflautas que se manifiestan frente a los edificios oficiales no han sido elegidos por nadie, no se representan más que a ellos mismos.

Pretender cambiar el sistema es una aspiración legítima, sana e irreprochable. Que la juventud se manifieste es democrático, lógico y esperable en una sociedad como la nuestra. Querer cambiar el sistema a golpe de barricada o de sentada no es el camino. El otro día manifesté mi apoyo a los que desean que todo esto cambie, pero estas no son formas. La única forma admisible en una democracia es presentarse a las elecciones. Si se presentan y me convencen les votaré, y si ganan me alegraré. Por todos ellos y por mí.

martes, 7 de junio de 2011

Yo también estoy indignado



Ahora que se habla tanto de los "indignados", de los acampados de la Puerta del Sol, del movimiento 15 M, de Democracia Real, de los desalojados en Barcelona, de los de otras ciudades y de toda esta fiebre de protestar que le ha subido a nuestra juventud, creo que ya era hora de que demostraran  que no están de acuerdo con lo que está pasando en la galaxia, ni con el paro que hay, ni con la crisis que han provocado los bancos, ni mucho menos con la clase política que vive con sus corruptelas y sus peleas partidistas y tan de espaldas a la realidad, a lo que realmente interesa y preocupa a los ciudadanos. 

Ahora que, por fin, nuestra juventud despierta del letargo de botellón y operaciones triunfo y sale a la calle a hacerse ver, a decirle al poder que no quiere ser cómplice de toda la chapuza nacional, que no quiere ser la "generación perdida", que no está de acuerdo con que los (dos) partidos políticos se repartan el pastel, que quiere que haya listas abiertas para poder tener la oportunidad de apartar a los candidatos salpicados o, en muchos casos, enfangados hasta el cuello en asuntos de corrupción. Esa juventud que soporta los índices de paro más altos de Europa pese a estudiar y prepararse como la que más, que no ve claro su futuro ni siquiera conformándose con que la contraten en prácticas, con becas, con contratos basura... como sea con tal de emanciparse de sus padres y poder plantarle cara al futuro.

Esa juventud que se rebela, como hicieron sus padres en mayo del 68, que quiere insuflar aire fresco a las viejas ideas de los que nos gobiernan, que no se resigna a que los bancos sigan obteniendo, año tras año, beneficios a costa de la crisis que ellos han provocado, mientras los trabajadores que no pueden pagar la hipoteca pierden sus casas y, lo que es peor, tendrán que hacer frente a una deuda durante toda su vida, una deuda con el mismo banco que les tasó muy por encima del valor de mercado aquellas casas. Y por si fuera poco, como esas propiedades cada vez valen menos, los políticos pierden el culo en ir al rescate de los "pobres bancos" expuestos al ladrillo. Bancos que cierran sucursales, despiden a sus empleados y se juntan con otros bancos -muchas veces contra natura- con tal de acceder a las ayudas de los gobiernos, o sea, a nuestro dinero, al dinero que cada vez nos cuesta más ganar y a ellos menos repartir.

Esos miles de jóvenes, víctimas de campañas de desprestigio por parte de los medios paniaguados del poder, que los llaman perroflautas, vagos, violentos y todo lo que se les ocurra con tal de callar sus voces, de silenciar su enfado con la clase política que mira para otro lado, que no quiere ni oír hablar de corrupción, de clientelismo, de falta de ideas para paliar la crisis en la que estamos inmersos. Todos esos que claman justicia contra los que mandan, prosperan económicamente y malgastan el dinero endeudando al contribuyente, mientras los funcionarios y los pensionistas son cada vez más pobres, mientras salen a la luz casos y casos de corrupción y no rueda ninguna cabeza, ni hay una dimisión, ni un cese. Esos que desprecian a los sindicatos por su cortedad de miras, por su nula representación  de los trabajadores, por su descarado silencio cómplice del gobierno que les otorga subvenciones millonarias a pesar de los atropellos cada vez peores a los más débiles.

Ahora que hay voces que se atreven a discrepar de lo políticamente correcto y a rebelarse contra lo que está pasando, que son capaces de pasar noches a la intemperie, de soportar incomodidades, cargas policiales desproporcionadas, insultos, acoso sexual. Ahora que llevamos casi un mes viéndolos por la televisión, leyéndoles en Twitter, en Facebook y en foros mil, ahora que son una realidad, me estoy dando cuenta de que yo también estoy indignado.

Sí, amigos, yo también me quiero rebelar contra la injusticia que estamos sufriendo los ciudadanos de la galaxia a manos de los que nos gobiernan y los que les aplauden . Yo también quiero salir a la calle y gritar:

¡Basta ya! ¡Indignémonos! ¡Protestemos hasta que nos escuchen! ¡Viva la Spanish Revolution!

¡Jóvenes: uníos a mí y juntos dominaremos la galaxia!

domingo, 5 de junio de 2011

Las Dos Ruedas toman la galaxia. (Episodio II)


Seguimos con el relato del Día de la Bici del Colegio Público Canciller Palpatine, celebrado el pasado 31 de mayo. El episodio que viene a continuación es el más gustoso, pues en él se narra la parte alimenticia del evento, que, como veréis, no dejó indiferente a nadie en toda la galaxia.

11:30 AM

Los papás nos secamos la baba que nos caía después de ver el espectáculo protagonizado por los pequeñines y charlamos alegremente en corrillos sin ser conscientes de lo que se avecinaba. En el patio, junto a una ventana que da al comedor del colegio, se encuentran dispuestas varias mesas con unos manteles de papel. Varias empleadas de la empresa de catering que gestiona dicho comedor, ataviadas con sus batas blancas y sus gorritos, muy higiénicas ellas, recogen algunos platos con comida que otras camareras van entregándoles a través de la ventana. También llevan botellas de cerveza, vino tinto y blanco, gaseosa, agua y algunos refrescos con burbujas. Al ver lo que sucede, las tropas imperiales, que se encontraban cerca de la escena, se abalanzan sobre las mesas y toman posiciones... Bueno, tomar, toman de todo. ¡Y a dos manos! Los demás -papás y maestros- intentamos como podemos acercarnos para contemplar el espectáculo desde una posición todo lo privilegiada que nos permiten las fuerzas del orden. Mientras, las camareras sacan y sacan y vuelven a sacar platos, tenedores y vasos de plástico para tantas manos y bocas hambrientas por el esfuerzo del pedaleo.

- "¡Ostras, croquetas, qué pinta más buena!".
- "Bueno, te dejo, ya charlaremos en otra ocasión, que se están bebiendo toda la cerveza".
- "¿Dónde hay más tenedores?".

Los ojos saliéndose de las órbitas al personal daban idea de lo rico que estaba aquello. No quisiera aburriros con el menú, pero allí, sobre las mesas, había de todo. Y en cantidad. Gambitas con ajetes y habitas, calamares a la romana, verduras a la plancha, croquetas, albóndigas de bacalao, morcillitas y choricitos fritos con cebolla pochada, pisto manchego, pan de pueblo recién hecho, etc, etc, etc. Lo que se dice una orgía de almuerzo. Además, no sé cómo lo hacían, pero la cerveza fresquita y el vino con gaseosa no se acababan nunca. El personal, allí de pie, charlaba (poco, que ya se sabe eso de "oveja que bala, bocado que pierde") sin dejar de mirar las mesas y asombrarse de la velocidad a la que se vaciaban los platos y eran repuestos por las eficientes camareras.

- "¿Me acercas el vino?".
- "Claro, toma, no te lo acabarás".
- "¿Que no? No me conoces. Yo, cuando me pongo...".

Y para terminar el ágape y que no nos fuéramos de allí con sabor a salado, nos obsequiaron con gazpacho fresquito a todos los que pudimos acercar el vaso vacío a las jarras que asomaban por encima de las cabezas de los concurrentes. Así da gusto ir en bicicleta ¿no?

1:00 PM (o 13:00 sin PM ni AM que valga)

Las camareras nos echan de allí amablemente con el viejo truco de llevarse los platos y las botellas vacías y no reponerlas. Estará muy visto, pero sigue siendo bastante efectivo. Tambaleándonos por lo comido y lo bebido, y con la locuacidad que otorgan los vapores etílicos, despejamos el lugar charlando alegremente.

- "Hay gue ver lo mayores gue esdán dus dos hijos gemelos esde año, ics."
- "¿Mis hijos? Yo no dengo hijos, ics, solo una hija".
- "Ah, perdona, ics, ya decía yo gue me hablaban a la vez, ics".


Nadie se atrevió a coger un vehículo, nave o bicicleta por temor a que a la Guardia Civil Galáctica se le hubiera  ocurrido montar un control de alcoholemia por los alrededores del colegio, aunque, pensándolo bien  -cosa que en aquellos momentos no era posible-, ellos hubieran sido los primeros en fundir las maquinitas de soplar. ¡Joder, cómo bebían los picoletos! Pero por si las moscas, los papás y las mamás nos marchamos caminando en dirección a la pinada, hacia las zonas de pic-nic que hay cerca de allí con sus mesas y sus bancos corridos. ¡Gracias, Ayuntamiento, por pensar en nosotros y nuestro estado! La verdad es que una siestecita bajo los pinos venía muy bien a esas horas.

- "Zzzzzzzzz".


14:30 JKLM

Despejados, lo que se dice despejados no estábamos, para qué nos vamos a engañar. A algún iluminado se le ocurrió la genial idea de que nos tomáramos un café y, los que nos pudimos despertar, nos dirigimos a uno de los bares de la pedanía que hay junto al colegio. Hicimos tiempo charlando hasta que se acercó la hora de volver a casa. Un breve txirimiri nos quiso advertir de lo arriesgado que resulta programar  actividades al aire libre en primavera, pero no fue a mayores, gracias a que usé mis trucos jedis y todo el poder que da la Fuerza para echar a la nube puñetera de allí.


15:30 BMW

Todos sobrios ya y montados en las bicis de nuevo, estamos listos para iniciar el camino de vuelta al planeta Che. Primero, las tropas imperiales dan la salida entre aplausos (y eso que ya no había pájaros por los alrededores para molestar, pero bueno...) a los de la ruta del sur y después a los de la nuestra. Los pequeñines, esta vez desde dentro del colegio a causa de las cuatro gotas que cayeron, nos despiden con su acostumbrado agitar de banderas. Empieza el viaje de vuelta.

Alguna caída, algún sustillo sin importancia y, sobretodo, mucha morriña por poner el punto y final a tan agradable jornada, y fuimos acercándonos a nuestro destino. Se acabó el Día de la Bici por este año. El que hace veintiséis, según me contaron algunos padres más veteranos que yo, y el que hace uno para un servidor. Puedo asegurar que si me lo permiten mis obligaciones de autoridad imperial, el año que viene repito. Vamos que si repito.

jueves, 2 de junio de 2011

Las Dos Ruedas toman la galaxia. (Episodio I)


"Inolvidable", "encantador", "emocionante", "fantástico", "imprescindible", ... Harían falta muchos más adjetivos para describir la sensación que se me quedó al llegar a casa después de participar  por primera vez en el Día de la Bici. Me parece que ya os he dicho que no es la jornada que patrocina el Ayuntamiento del planeta Che -que es en septiembre-, ni el de la Unión Galáctica Europea, ni nada de eso; es el que se celebra en el colegio de mis pequeños Jedis cada año, coincidiendo con el último día del curso que hay clase por la tarde, o sea, el 31 de mayo. Y cómo lo organiza, madre mía, cómo lo organiza. Mejor será que lo cuente y me deje de adjetivos.

8:50 AM

Concentración junto a la Estrella de la Muerte del (numeroso) grupo de ciclistas que vivimos por la zona. Allí acudimos mi pequeño Obi Wan y yo con nuestros velocípedos y nos encontramos a algunos maestros Jedis convenientemente uniformados para que se les distinga de los papás. Me ofrezco voluntario y me colocan un brazalete identificativo. Soy autoridad. Los niños me temen. Mi palabra es ley.

-"¡Oye, tú, niño, calladito y sin salirse de la fila!".
- "Sí, Milord, ahora mismo".
- "¡A ver cómo te portas, que te tengo fichado!".

Las tropas imperiales, coordinadas a la perfección y montadas en sus vehículos, nos escoltarán todo el camino y se encargarán de que ninguna nave, caza o carguero espacial nos corte el paso. Colocamos a los niños en fila de a dos y esperamos la señal de la Guardia Civil Galáctica para empezar la marcha. Obi Wan se sitúa con los de su clase. Yo, en un lateral guardando la formación.

9:00 AM

Con puntualidad británica comienza la marcha hacia el planeta boscoso donde está el Colegio Canciller Palpatine. El camino es precioso: huerta, casas de agricultores, campos de arroz que ahora se encuentran inundados para la siembra, naranjales. El día acompaña y un tímido sol espera a que pasemos, agazapado  tras las nubes, para no quemar la delicada piel de los pequeños padawans. Atravesamos dos o tres poblaciones rurales menores con sus alquerías tapizadas de buganvillas, geranios y murcianas, y se van incorporando a la serpiente multicolor los niños que salen de ellas. Estamos en el Parque Natural de la Albufera. Es primavera. Vamos a la marcha que dictan los pequeños, los de 9 años, que hábilmente hemos situado en cabeza. No hay prisa. Hay que disfrutar el día. La Guardia Civil galáctica cumple su cometido a la perfección: una moto en cada cruce, cada rotonda, cada semáforo, para que no nos paremos y circulemos seguros. Cierran la carrera dos furgonetas escoba, por si las caídas -que las hubo, pero sin importancia-.

- "¡Niños: guardad la fila o saco la espada láser!
- "¡Tú, el de rojo, como te vuelva a ver cruzarte con la bici te congelo en carbonita pero ya!"

9:45 AM

Conforme vamos llegando al colegio se escucha el griterío. Los más pequeñitos, entre los que está mi pequeño Anakin, nos esperan en la entrada agitando unas pequeñas banderitas hechas por ellos mismos. La emoción hace que se me escape una lagrimilla, que gracias al casco-máscara no se aprecia, lo que evita restar prestancia a mi imponente aspecto de Lord Sith. Y así, de dos en dos, vamos entrando al centro escolar donde dejamos las bicis en un lado del patio.

10:00 AM

Los que ya hemos llegado nos situamos junto a los pequeños, sus maestros y sus papás, formando un grupo más numeroso para dar la bienvenida al otro pelotón, el que viene por la otra ruta, la de los pueblos del sur, que, como la nuestra, circula organizada hacia el colegio. Aplausos, banderitas, gritos... los pobres pájaros que observan desde los árboles están muertos de miedo. Creo que van a emigrar hacia el norte en busca de calma y silencio un mes antes de lo que les tocaba. Las maestras Jedis recogen a los pequeñines y se los llevan a clase a ponerles el casco y subirlos a sus bicis. 

10:15 AM

Aparecen los padawans de tres, cuatro y cinco años en fila por la puerta y salen de la escuela. Más aplausos. Las madres lloran de emoción. Algunos llevan ruedecitas cogidas al eje trasero porque no saben montar todavía. Las maestras los acompañan hacia la playa corriendo a su lado donde dan la vuelta a una rotonda y vuelven hacia el cole. Es su ruta. Está hecha a la medida de sus piernecitas. Las tropas imperiales vigilan que no pasen otros vehículos que no sean los oficiales de la organización. Todo está saliendo de maravilla. Les vemos entrar de nuevo en el colegio entre aplausos, gritos y, no sé si lo había dicho ya, banderitas.

- "¡Ay, mi niño, qué guapo va!"
- "¡Mira el Jonatan, qué gracioso; el casco es más grande que él!"

Definitivamente, garcetas, patos y charranes abandonan el parque natural un mes antes de lo que les toca buscando el sosiego y la paz de otras tierras, otros humedales más al norte, donde poder dormir a pata suelta unas horas más.

- "No vuelvo a pasar el invierno en el planeta Che. Tanto ruido genera estrés y se me caen las plumas".


Próximamente, en una galaxia lejana, el episodio II.

martes, 31 de mayo de 2011

31 de mayo: Día de la Bici.



Parece que últimamente me haya dado por las efemérides, y que no tenga otro tema de qué hablar que no sea del día de esto o del de lo otro. Lo mejor es que no es un día oficial de la Unión Europea, ni de la Unesco, ni de la TIA, ni nada de eso: es el Día de la Bici del cole de mis hijos. Casualidades de la vida, nada premeditado, lo prometo. Lo único que me ha animado a escribir acerca de tal fecha es que pienso participar en ella activamente por primera vez, es decir, que voy a coger mi velocípedo, pasarme el día subido en él y, encima, en compañía de los míos.

Se trata de una actividad organizada, como ya he dicho,  por la escuela a la que van mis hijos pequeños, el "Colegio Público Canciller Palpatine", y consiste en recorrer los doce o trece kilómetros que separan la Estrella de la Muerte del centro escolar montados en las bicis. Padres, hijos y profesores formando una marea multicolor como la del Giro del planeta Spaguetti, pero sin competir. Justamente la celebran ahora que ha acabado la "ronda italiana", como la llaman en la tele, y con la reciente victoria del habitante de la galaxia, Alberto Contador, con lo que la cosa tiene un sabor más patrio y actual. Todos los críos querrán emular a su héroe y sentir por un rato que van enfundados en la malla rosa, y los padres podremos hablar de cosas tales como la dureza de la subida al monte Fetuccini o la contrareloj de Santo Pepperoni. Siempre que nos reunimos los papás del colegio acabamos hablando de fútbol y, como este año, el equipo del planeta Che no ha ganado la Champions, sino que ha sido el de otro planeta más al norte, prefiero tener otro tema de conversación para que no haya susceptibilidades, que en lo tocante a deportistas de la galaxia siempre hay consenso total. Porque ¿conocéis a alguien que no se alegre de que gane Rafa Nadal, o que lo hiciera Miguel Indurain en sus tiempos, o la Roja, como la llaman ahora, etc.?

Otra de las cosas que hacen apetecible acudir ese día al colegio es que la empresa que lleva el comedor invita al almuerzo a todo el mundo, que ya sabéis el gusto que da que te regalen algo en estos tiempos de crisis. Me han contado padres que llevan varios años acudiendo al evento, que el ágape no está nada mal: bocadillos calientes, embutido, jamoncito, vino, cerveza, etc.  Vamos, que las calorías que quemas pedaleando doce kilómetros, las recuperas con creces almorzando. Pero, qué caray, todo en la vida no va a ser la maldita operación bikini, que también hay que disfrutar de las cosas buenas, que si no, se te agria el carácter. Tiempo habrá de compensar: un par de horitas corriendo por el río y chim pum.

Todos los niños no pueden recorrer esta distancia; solo los de nueve años en adelante. Los más pequeños acuden de la manera habitual allí y nos esperan haciendo un pasillo a la entrada del cole con banderitas y tocando los timbres de sus bicis. Los que lo han hecho otros años dicen que es emocionante. Luego, los papás nos iremos a la playa a echar una cabezadita, o a pasear, o simplemente a charlar y esperar que acabe la jornada lectiva -que de lectiva tendrá bien poco, porque les tienen preparadas actividades de educación vial con las tropas imperiales y todo eso- y luego, vuelta a casa de la misma manera que la ida, o sea, pedaleando.

Todo esto si el tiempo acompaña, que estamos teniendo unos días de lluvias y tormentas bastante desagradables. Pinta bien la cosa, ¿no? Bueno, pues me voy a dormir que mañana espera un día duro.


jueves, 26 de mayo de 2011

Los hijos: esos Jedis bajitos (Episodio II)


Continuando con el retrato descarnado y veraz, a la par que tierno y sensible, que inicié en su día acerca de  mi descendencia en esta accidentada entrada, hoy quería seguir hablándoos sobre mi prole, pero más concretamente sobre uno de ellos, sobre el mayor de los Skywalker: Luke.

El pequeño Jedi primogénito sigue con sus clases de piano en el Conservatorio Superior "John Williams", donde progresa en el bello arte de las fusas y las semifusas. A estas alturas, en las que el curso está tocando (y nunca mejor dicho) a su fin, parece que ya tiene claro que lo suyo va a ser dedicarse a la música profesionalmente, pero no como intérprete sino como estudioso de los trabajos de otros músicos. En mis tiempos se podía escoger entre derecho, medicina y varias ingenierías. Ahora, con estos nuevos planes de estudios tan bolonios y tan raros, han aparecido carreras tales como Licenciatura en Composición con Medios Electroacústicos, Tecnicatura en Ciencia de los Animales de Laboratorio o Programa Universitario en Diseño de Historietas. ¡Flipa, colega! Que no se diga que no hay una carrera universitaria para ti. Ya solo falta que saquen una Ingeniería, por decir algo, en Control de Reproducción de Aves, vamos, lo que ha sido toda la vida capador o sexador de pollos. Ya puestos...

Pues eso, que quiere ser musicólogo. Que compongan otros, que les salgan callos en los dedos a los demás de tanto aporrear el piano, que a él le llama más distinguir cuándo una partitura la escribió fulano o mengano atendiendo al rabito de la clave de sol, que todo el mundo sabe que es un garabato bastante difícil de que te salga igual dos veces, por mucho que lo practiques. Por lo visto es una ciencia bastante compleja y trabajosa. Un ejemplo: un día alguien encuentra en un desván unas partituras que no están firmadas y es ahí cuando los de Christie's o los de Sotheby's llaman al musicólogo de guardia para que diga si esta danza turca la escribió Mozart en su juventud o Beethoven en plena crisis de los cuarenta. El día de la subasta quedarán muy bien si acompañan al papelajo con un certificado del musicólogo dando su docto veredicto: se trata de un blues escrito por Ramoncín en plena resaca de ginebra barata. No hay más que verlo; está claro. Ahora solo hay que sentarse y esperar a que te llamen de Londres cuando haya una subasta.

Pero la música no es la única de las manifestaciones artísticas que se le dan bien a Luke, también pinta. Lo hace en el lienzo, en la mesa sobre la que está el lienzo, en el suelo que hay debajo y alrededor de la mesa sobre la que está el lienzo y en la casa donde está el suelo que hay debajo y alrededor de la mesa sobre la que está el lienzo. Ese y no otro es el motivo por el que le he "invitado" a que pinte en casa de su abuelita en vez de hacerlo en la suya, que también es la mía. Por lo menos hasta que depure la técnica del salpicado sin querer. Que conste que le apoyo y le aliento a que pinte y me encanta que lo haga, pero todo tiene su Lado Oscuro y el de la mayoría de los artistas es que son unos guarretes. En cambio, para su abuelita, que Luke se codee con Picasso o con Sorolla es un orgullo tan grande, que no le importa lo más mínimo que le deje la casa hecha un collage de huellas dactilares y pisadas multicolor. Para eso están las abuelas.

Además de las artes están los estudios de bachillerato que sigue en el instituto galáctico "George Lucas", los cuales no van nada mal tampoco. Unas semanas quedan ya para que acabe el curso y las notas finales están al caer. Espero, por lo que he ido viendo a lo largo del año, que van a ser buenas, así que algún regalo le haremos. Vamos a tener que rascarnos el bolsillo, bueno, la pierna que hay debajo del agujero del bolsillo, porque la cosa está mu achuchá, aunque igual nos alcanza para un disco o una camiseta de Star Wars, ya veremos. Lo que se avecina ahora es el viaje de fin de curso, que todo el mundo sabe que consiste en un montón de adolescentes y sus hormonas ocupando las habitaciones de algún hotel que acaban de dejar los del Imserso. Vamos, turba descontrolada sustituyendo a turba descontrolada. ¡Qué horror! Pobres camareros. Aunque los que se llevan la peor parte en estos viajes son los profesores que acompañan a los chavales. Recuerdo mis viajes de fin de curso y lo que padecían los pobres para conseguir que cada uno de nosotros durmiera en la habitación que le tocaba. ¡Buf! Algún profesor  tuvo que pasar la noche en el pasillo para impedir el trasiego de estudiantes puerta arriba, puerta abajo. Ya se sabe: primavera + hormonas + distancia de casa  = Guerras Clon.

Supongo que se nota que estoy orgulloso de mis pequeños Jedis, no lo sé disimular. De momento no me puedo quejar de mi suerte al haber tenido a estos tres hijos tan majetes. Digo de momento porque, hasta que no llegue el día que me dejen abandonado en una gasolinera, me están demostrando que vale la pena ser padre.


miércoles, 25 de mayo de 2011

25 de mayo: Día del Orgullo Friki


La verdad es que me acabo de enterar de esta fecha tan señalada. Yo había oído hablar del Día del Cambio Climático, del Día sin Coches, del de la Biodiversidad o incluso del Día de la Madre, pero el de hoy... el de hoy me ha cogido por sorpresa, porque si lo llego a saber con algo más de tiempo preparaba una entrada como dios manda. Bueno, qué se le va a hacer. Lo que sí está claro es que, si estás interesado por conocer algo más acerca de este día tan señalado, este es el sitio al que debes acudir. No se hable más.

En el mundo anglosajón, y más concretamente en los Estados Unidos de América del Norte, a los seguidores (fans en inglés) que son capaces de esperar en una cola días y días, disfrazados como los personajes de sus películas/series/cómics/videojuegos favoritos, a que abran la tienda para ser los primeros en adquirir tal o cual producto, o las entradas para el estreno, se les conoce como "geeks". También se les llama "nerds" y abarcan no solo a los individuos que os he descrito, sino también a los fanáticos de alguna marca de electrónica o a los locos de los ordenadores, "hackers" y demás piratas informáticos y seguidores compulsivos de las tecnologías de vanguardia. Todos tenemos en la mente a los chavales que acuden con sus sacos de dormir y sus ordenadores a la Campus Party todos los veranos. Sin embargo aquí les llamamos "frikis", que en el mundo anglosajón quiere decir paleto. O sea, que hemos tomado prestada del inglés una palabra pero no su significado. Es como si aquí al baloncesto le llamáramos "baseball", por ejemplo. O sea que llamamos frikis a todos esos porque nos da la gana, porque somos así y ya está.

De un modo u otro, hoy es el día del orgullo friki y hay que salir a la calle disfrazados de Superman o de Harry Potter montados en un autobús descapotable y tirando confetti a toda la gente que se agolpa en la calle cantando y bailando. Vamos, algo así como la cabalgata de los Reyes Magos pero en el mes de mayo. Parece ser que la celebración fue introducida en 2006 por varias asociaciones de fans, geeks, nerds y frikis para conmemorar el día del estreno de la primera de las películas de la Saga con mayúsculas, la de Star Wars por supuesto, y tiene su página web y todo. Aunque, pensándolo bien, ¿quién o qué no tiene una página web hoy en día?, si hasta un friki como yo la tiene. Al que quiera profundizar más sobre el tema del día de hoy, le recomiendo que se pase por aquí y pierda unos minutillos conociéndonos un poco. Ahora, si lo que queréis es profundizar sobre el tema del frikismo, lo mejor es la Wikipedia. Descubriréis que también los frikis tenemos nuestro corazoncito.


viernes, 20 de mayo de 2011

Elecciones en la galaxia. Vota Partido Imperial.

    El Sr. Skywalker, nuestro líder

Amigos y amigas de la galaxia:

Como ya sabréis, el domingo se celebran elecciones a ayuntamientos y comunidades galácticas y nuestra formación, el Partido Imperial, se presenta a ellas con la ilusión de ganarlas y revalidar así la confianza que depositasteis en nosotros hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana...

Como líder y cabeza de cartel, os pido el voto para un partido, el Partido Imperial, que ha sabido llevar a todos y cada uno de los planetas que forman este imperio, a lo más alto en seguridad, tranquilidad, orden y disciplina, valores cada vez más escasos en estos tiempos de crisis, donde el caos y el libertinaje camparían a sus anchas si no fuera por nosotros.

Los que me conocéis sabéis que no me temblado nunca el pulso a la hora de usar la Fuerza para conseguir que la ley y el orden se acaben imponiendo en la galaxia, como cuando ordené desintegrar el planeta Tatouine, o la vez que yo mismo acabé con el cabecilla de los rebeldes, el peligroso y buscado criminal Obi Wan Kenobi.

Enfrente no tenemos otra cosa que la autodenominada Alianza Rebelde, formación esta sin programa político alguno, diezmada por nuestras tropas, que ha fracasado en todas y cada una de las (pocas) ocasiones que ha podido gobernar, y que no ha traído sino la anarquía y el desastre allá donde ha puesto su mano encima. Corruptos como los que más, los rebeldes se han enriquecido a costa de los pobres alienígenas, a los que no han dudado en exprimir al máximo, mientras ellos disfrutaban de una vida de opulencia y ostentación. Votar Partido Imperial es poner fin a sus desmanes y asegurar para vuestros hijos un futuro de paz y austeridad.

Nuestras 10 propuestas para la legislatura, si salimos elegidos, son:

1.- Transparencia. Os robaremos todo lo que podamos, sin escondernos. Lo que obtengamos lo repartiremos entre los miembros del gobierno, las tropas imperiales, los banqueros y demás amigos.

2.- Austeridad. Privatizaremos la sanidad, la educación, la justicia y hasta el aire que respiráis. El que más se gaste, mejores servicios tendrá y al que no le llegue... ¡a pastar!

3.- Trabajo. Retrasaremos la edad de jubilación hasta los 80 años, con prohibición de vacaciones y derechos tan tontos como el de la baja por maternidad, enfermedad, huelga, etc.

4.- Juventud. Será obligatorio servir un mínimo de 10 años en el Ejército Imperial, vamos, lo que viene siendo la "mili", pero a lo bestia. La ley militar lo impregnará todo, todo.

5.- Cultura. Prohibiremos la música de Camela, David Bisbal, Lady Gaga y otras horteradas similares. Unicamente se podrán escuchar en espectáculos y otras representaciones artísticas la Marcha Imperial de Star Wars, del gran maestro John Williams y otras similares.

6.- Relaciones exteriores. Todo aquel planeta que no se una a nosotros será desintegrado sin miramientos.

7.- Religiones. Quedarán todas proscritas, siendo la única y obligatoria La Fuerza.

8.- Medios de comunicación. Todos los canales de televisión, radios, periódicos digitales, holográficos y demás, serán de confesión progubernamental, quedando vetada la crítica al gobierno y a sus miembros so pena de muerte.

9.- Ejército. Todo será militar, to-do. ¿Queda claro?

10.- Obediencia al Emperador. Bueno, esta está clara también, ¿no?

Por todo ello, os pido el voto para el Partido Imperial, para que podamos llevar nuestro plan adelante durante cuatro años más. Uníos a mí y juntos dominaremos la galaxia.

Así que, ya sabéis nuestro lema.

"POR TU SEGURIDAD, VOTA PARTIDO IMPERIAL"

Que la Fuerza os acompañe.

miércoles, 18 de mayo de 2011

El Sr. Skywalker en "Callejeros".




Para los que creeis que ser un lord Sith es puro glamour. A veces no.

lunes, 16 de mayo de 2011

El día que me quedé en gayumbos en casa de la vecina



"Ve quitándotelo todo, menos los calzoncillos, que ahora vengo". Dicho así por una vecina de la Estrella de la Muerte, estando los dos solos (o eso creía yo) en su casa, puede sonar a lío del montepío o al típico aquitepilloaquitemato. Pero, como veremos ahora, no fue exactamente así.

Todo empezó por culpa de dejar de fumar, hace casi diez años, y el famoso daño colateral conocido como efecto "barriga que quiere salir a ver mundo por su cuenta y sin permiso", tan temido por todos los exfumadores. Me preocupaba mucho el gasto en cinturones nuevos, ya que a los que tenía no podía hacerles más agujeros. Y eso que, al principio, le echaba la culpa a los tejidos de mala calidad con los que confeccionan mis pantalones de caballero Sith, que tenían la manía de encoger. Demostrado después que la ropa no mengua, sino que es  la masa abdominal la que crece, pensé que había que poner manos a la obra y buscar un remedio eficaz a aquella situación. De pronto reparé en que en la Estrella de la Muerte había un gimnasio. Agotado de tanto pensar durante dos o tres minutos, me di la media vuelta y caí en un profundo sueño.-"Ya, si eso, mañana lo vemos".

Aunque llevo siempre puesto mi casco-máscara, Leia, mi princesa, consiguió llevarme de la oreja al planeta D-K-Tlon a comprar un chándal y unas deportivas. ¡Un chándal! ¡Yo, que no me había vestido con uno desde que dejé el insti! Tras comprobar, abatido y decepcionado, que los siguen fabricando, opté por uno con un discreto color gris y con una anchura suficiente para disimular los michelines. Así, tampoco se burlarían mis vecinos cuando me vieran aparecer por el gimnasio. ¿O tal vez sí? Y allá que me lancé: de cabeza y sin red.

Uno se imagina los gimnasios como esos antros del demonio tapizados de espejos, con olor a sudor y a linimento, donde ponen una música "reggaeton-máquina total-trance-ministry of sound-chunda-chunda" infernal, donde los cachas que levantan pesas ligan con las chicas que corren en la cinta, y donde yo estaría más desubicado que una monja en un barco pirata. Pero no, mi sorpresa fue mayúscula al entrar: había una clase de "step", que es como un "aero-bic" que se baila sobre un escalón, y las dos únicas alumnas venían ya con los sesenta cumplidos de casa. Así que pensé: "Esto está chupado. Si ellas pueden, yo también"... Y vaya que me equivoqué. ¡Qué caña el step ese de los coj...! ¡Qué agujetas! ¡Qué abuelas tan marchosas! ¡Las jodías!  Y encima tuve que soportar la humillación de escuchar aquello de -"¿Quieres que vayamos más despacio, chiquito?" o lo otro de -"Tú, si ves que no puedes, lo dices ¿eh?". También me sirvió para comprobar que se pueden tener agujetas en las agujetas y que es mentira eso de que el dolor dignifica. ¡El dolor duele!

Pero como dice la canción: "pasaron un, dos, tres, cuatro, cinco, seis semanas" y se fueron notando los efectos de tanto sufrimiento. Mi barriga encontró el camino de vuelta al hogar y la ropa volvió a su estado poco tirante de antaño, la monitora cambió el gimnasio de la Estrella de la Muerte por otro con más público y mandaron para sustituirla a un monitor con menos piercings (al menos a la vista de todos). Este chico, al que nunca le estaré lo bastante agradecido, me propuso un día cambiar el step por salir a correr por los caminos entre las huertas que hay cerca de la Estrella de la Muerte. Veinte minutos la primera vez y unas sonoras agujetas. Sí, sonoras por ir acompañadas de los típicos "¡ay, ay!" al sentarse y al levantarse de una silla o al subir unas escaleras. Pero me gustaba más correr que sudar dentro de un gimnasio y aquello sirvió para dos cosas: para que me aficionase a correr y para que despidieran al monitor por falta de alumnos.

A los pocos meses ya corría una hora y me había comprado unas zapatillas japonesas que tienen la suela en forma de olas, y unos pantalones muy ajustados que suenan como una civilización precolombina. Empecé a cruzarme con vecinos que corrían también y uno de ellos, el androide Pepe-3PO, del que ya os había hablado en esta entrada anterior, me pidió que le acompañara a correr por los jardines del río. En nuestras salidas juntos me habló de un club que estaban intentando hacer unos cuantos vecinos y de otras historias más. También me convenció para que me pusiera en manos de un fisioterapeuta, ya que así no tendría lesiones y, si las llegaba a tener, me las curaría. Pero yo no conocía ninguno, solo a una vecina que se anunciaba en los zaguanes. Así que la llamé, me dijo en qué puerta tenía su garito montado, me dio cita y acudí a que me machacase y me estirase los músculos de todo el cuerpo.

Y aquí me tenéis, al principio de esta historia; en calzonzillos y en casa de una vecina a la que apenas conocía, cuando, al poco de comenzar la sesión, su marido entró en la habitación-consulta malhumorado y gritando:

-"¿Tú has visto qué hora es? ¡Las niñas están sin cenar!".

A lo que le respondió la vecina-fisio gritando también:

-"¡Pues hazles la cena tú! ¿No ves que estoy trabajando?"

O sea, que por el precio de una sesión de fisioterapia, estaba asistiendo en vivo a una auténtica discusión de matrimonio que no tenía desperdicio, y habría sido una historia graciosa de no ser por un pequeño detalle: me había pillado en medio de los dos cónyuges gritones... ¡en gayumbos! 

martes, 10 de mayo de 2011

Documento: el Sr. Skywalker jugando al golf.

Un deporte que no se me da del todo mal: el golf.



¿Qué os parece? ¿A que tengo razón?

lunes, 9 de mayo de 2011

Personajes del Lado Oscuro. Hoy: Lord Ahmadineyad


Tras el éxito galáctico y universal obtenido por la primera entrada de la serie dedicada a los malos de la película, hoy os quiero presentar a otro personaje de esos que dan yuyu, mucho yuyu. Otra historia de cómo el poder seductor del Lado Oscuro puede convertir a un hombre bueno, amante de los niños y de los cervatillos del bosque, en un ser malvado y despiadado con un corazón de hielo. Esa historia que nos ocupa hoy es la de Lord Ahmadineyad.

Hasta los años 80 del siglo pasado, cuando el planeta Persia aún no estaba lleno de ira, los pajarillos trinaban sin parar bellas melodías (All you need is Love, fiu, fiu, fiu...) y las flores crecían hasta en invierno tiñendo el horizonte de miles de colores. El arco iris salía todos los días, aunque no lloviera,  y los aviones surcaban el cielo dejando tras su paso una nube de azúcar glasé, gominolas y jarabe de grosella. Sus habitantes eran muy felices y comían perdices a todas horas. Perdices escabechadas en el desayuno, perdices asadas en el almuerzo y perdices en pepitoria para cenar. Los domingos, como algo especial, las tomaban fritas, que son algo más pesadas de digerir. Los niños y las niñas jugaban en las calles y los coches se apartaban para dejarlos pasar, mientras los conductores les regalaban la mejor de sus sonrisas. Al caminar, la gente se saludaba y se besaba, aunque no se conociera de nada, y en las tiendas todo era gratis. Todo el mundo era guapo y vivía feliz allí.

Pero "ellos" llegaron un día y el cielo se volvió gris y empezó a llover. Me refiero a los miembros de la secta de los ayatolas. Esos barbudos con cara de pocos amigos lo invadieron todo con sus turbantes y sus cantos que nadie entendía y sobre todo con su ira, que todos sabemos que es el camino que lleva al Lado Oscuro. Desde ese momento, aquella se instaló en el planeta Persia. Tanto fue así que los ayatolas decidieron cambiarle el nombre al planeta y llamarlo Irán por la ira. Su líder era un tal Darth Jo Meini, un malo de rompe y rasga, un auténtico lord Sith que atemorizaba a los pobres habitantes solo con aparecer en la tele.

En muy poco tiempo la felicidad de las gentes del planeta pasó a ser un simple y fugaz recuerdo del pasado. Los dientes de los ancianos empezaron a amarillear y a caerse, sus espaldas se encorvaron y les creció la barba... ¡hasta a las ancianas! Los niños lloraban a todas horas y no se atrevían a cruzar las calles porque los conductores ya no se paraban en los semáforos y se saltaban los pasos de peatones riendo a carcajadas. Además, en un rapto de maldad sin precedentes, los miembros de la secta les quitaban los caramelos en cuanto se descuidaban y les pinchaban los globos. Había ayatolas por todas partes que, alfiler en mano, se dedicaban a este cruel menester. El resultado no podía ser más desolador: miles y miles de niños llorando sin consuelo noche y día. Las mamás, impotentes para calmar la creciente desazón de sus pequeños, además, veían cómo sus cuerpos se llenaban de celulitis y les empezaban a crecer pelos en sitios en los que antes no había. A los papás se les caía el de la cabeza y les salía por las orejas y la espalda. Las barrigas hicieron acto de presencia. Y el olor a sobaco y a pies. Y las patas de gallo. Todo era desolación, fealdad, tristeza, aburrimiento.

En este contexto tan poco simpático y glamuroso, crecía nuestro personaje de hoy. Era un joven estudiante de la Fuerza, un entendido en cuestiones de jedis, un caballero llamado Alí Mento. Él no llevaba turbante porque su pelo todavía no había cambiado de ubicación, es decir, aún estaba encima de su cabeza. Tampoco vestía túnica negra porque su barriga no acababa de salir a descubrir mundo, ni sus barbas se habían teñido de blanco y crecido hasta llegar a la altura del ombligo. Pero aún así su aspecto no podía ser de otra manera para los nuevos tiempos que corrían por el planeta: gris y triste. Sin embargo su corazón era grande y su alma pura y cristalina como el agua de la montaña en un domingo de mayo.

Y hete aquí que, un día,  a Alí le sucedió lo que a todos los malos les sucede alguna vez, que se pasó al Lado Oscuro por una mala experiencia personal. En su caso, un trauma de los gordos, un golpe del destino cruel y despiadado. Lo que le ocurrió fue que... ¡se le estropeó la lavadora un viernes por la tarde! Hala, no te digo más, con el fin de semana por delante. Llamó al servicio técnico y, claro, le dijeron que hasta el lunes no podían enviarle a un reparador. Aquello enfureció a Alí de tal manera que se le hincharon las venas del cuello y su voz se volvió grave y de ultratumba. Su pelo empezó a echar humo y le crecieron los colmillos. Es que no es para menos: siempre se rompe la nevera, la lavadora o te empieza a doler una muela cuando está comenzando el fin de semana, con esa costumbre tan poco sensata de no currar el viernes por la tarde.

Convertido ya en un Lord Sith como mandan los cánones, cambió su nombre por el de Lord Ahmadineyad y se puso al frente de la secta de los ayatolas. Lo primero que hizo al tomar el poder absoluto fue prohibir que los viernes por la tarde la gente del planeta Irán tomara las de Villadiego y se fuera al chalé a pasar el finde. Los viernes por la tarde se trabaja, porque lo digo yo, y los chalés se derribarán todos, por si acaso, no sea que a alguien le entre la tentación de escaquearse. Y no contento con consumar su venganza, mandó a los niños a cortarse el pelo al uno, prohibió la música de los Beatles (ya solo se podía escuchar a los Rollings), enjauló a los pajaritos que cantaban y obligó a todo el mundo ponerse un velo... en la cabeza, por supuesto.

Y así continúan en el planeta Irán hasta hoy, sin cambios, sin alegrías y sin cervatillos. En fin...

En la próxima entrega de los personajes del Lado Oscuro os hablaré del General Gadafius y de cómo perdió a sus amigos y ganó, gracias al botox,  la guerra al tiempo... bueno, o eso cree él. Y si no, os dejo una foto para que os forméis una opinión por vosotros mismos.


jueves, 28 de abril de 2011

La Estrella de la Muerte



"Residencial la Estrella de la Muerte", para ser exactos. Y los eslóganes que había en los carteles durante la obra decían: "Viva como un emperador" y "Visite piso piloto".

Hace ya algunos años que a los promotores les ha dado por poner nombres muy grandilocuentes y pomposos a las construcciones, que se ve que así venden más. No es lo mismo ofrecer la segunda fase, compre ya, últimas viviendas, pisos de tres dormitorios con piscina en el Residencial Puerta de las Galaxias, que vender esos mismos pisos en el Edificio Benetúser II (con perdón para los de Benetúser, bello pueblo). Pueden multiplicar el precio de la casa por dos fácilmente gracias a un buen nombre, es lo que tiene el marketing. 

-"Yo vivo en la Urbanización Los Altos de Villaimperial. Ossea¡y me costó una pastaaa!". 

-"Pues yo vivo en Miradores de Andrómeda, Resort & Spa Beauty Luxury Villages y estoy mu contentísima".

Yo pienso que el nombre es lo de menos, lo importante es que te guste vivir allí... Ah, y que tengas buenos vecinos. Esto es casi más importante a la hora de buscarte una casa que la orientación o si llega la fibra óptica. Sé de gente que se ha tenido que mudar por no poder soportar a un mal vecino. Te pueden arruinar la vida. Sí, amigos, es lo que tiene vivir gregariamente, como hacían los griegos (que por eso le pusieron ese nombre: griegario), que tienes que soportar a tus vecinos. Hace poco me contaba un vecino que su ídem de al lado tiene la costumbre de cerrar el W.C. dejando caer la tapa a las tres de la mañana. Claro, en el silencio de la noche, y con lo finas que hacen ahora las paredes, suena como una explosión y lo despierta casi todos los días. El pobre lleva unas ojeras... Otro matrimonio me contaba que justo encima de su casa, en la habitación principal, trabajaba una chica de "vida ligera" y usaba somier de muelles. Se acostaban todas las noches oyéndola "trabajar" sobre sus cabezas... ahí con el ñiqui, ñiqui. ¡Buff, peor que una tortura china!

A los míos y a mí nos gusta vivir en la Estrella de la Muerte. Tenemos una vivienda con unas bellas vistas al planeta Che y con una piscina un tanto peculiar, porque le da la sombra durante buena parte del día y sólo la usamos de julio a septiembre... y por las mañanas nada más. ¡Es que el agua está helada! Aunque hay alguno que lo ves bañarse en mayo o en octubre y no puedes dejar de pensar en cómo se quedarán los pezoncillos de pequeñitos. También tiene un club social, gimnasio con ruso incluido, jakuzzi, etc. El club social, o bar, lo lleva un alienígena que se ríe mucho y sirve unas comidas de chuparse los dedos. Cuando hay fútbol galáctico (y del otro) nos bajamos allí a verlo y echamos el rato entre vecinos y cervezas. Se lo he dicho muchas veces a Leia, mi princesa: que sale mucho más barato tomarse un par de Mahous dos veces al mes y algún bocata, que abonarse a una tele de pago. ¿A que sí?

Lo malo de la Estrella de la Muerte es que siempre está en obras. Nos han colocado unas bandejas de chapa alrededor del  edificio para que los cascotes no caigan y maten a algún pobre desgraciado. Sí, amigos, se cae a trozos, pero no passa naaa, está todo controlado. Llevamos años y años de juicios y, algún día, sí, quizá algún día, nos pondrán una fachada nueva de esas metalizadas que se llevan tanto por la galaxia. Solo que, con lo lenta que va la justicia, no lo llegarán a ver ni nuestros nietos, y para entonces, igual lo que se lleva es el leopardo o la piedra natural. Mientras tanto, nos tocará convivir con andamios y parches en las paredes. Pero tiene su encanto: queda más industrial, más... decó.

Convivir es lo bonito que tiene también un residencial. Al año o así de entregarnos los pisos (cuando aún no se caían), a las alienígenas de la Estrella de la Muerte les dio por quedarse preñadas ¡todas a la vez! y claro, Obi Wan tiene un montón de amiguitos de su edad, mes arriba, mes abajo. Daba gusto verlas sentadas en el parque con los carritos, ahí hablando de cosas de mamás y de bebés sin parar, y a los padres corriendo detrás de los pequeños diablos, enseñándoles a montar en triciclo, en patinete, separándolos cuando se peleaban, regañándoles por jugar con el agua de la fuente o por subirse a un árbol. ¡Buff, que cansancio! Pero ya pasó aquella época; dentro de poco se irán todos juntos de marcha, y quedarán en la puerta con las naves espaciales abiertas para que suenen sus potentísimos equipos de música (que, a saber qué tipo de música oirán estos) y se pondrán a hablar de cosas de adolescentes y a hacer cosas de adolescentes. 

Otro día os hablaré de mi relación con los vecinos-papás de la Estrella de la Muerte, de cuando vamos a correr los domingos por la mañana, de las fiestas de la finca, de las juntas (¡Ahgg, las juntas!). Incluso nos hemos ido alguna vez a cenar a algún sitio y a tomar copas después. Sí, sí. Pero no creáis  que voy a contar nada de eso aquí. Soy un caballero. ¿Qué esperabais?

miércoles, 27 de abril de 2011

El sable láser: el mejor amigo de un jedi


Todavía recuerdo cuando mi maestro me entregó mi primera espada láser. Puede que haga cientos de años (No olvidéis que los jedis podemos vivir muchísimo, casi tanto como Marujita Díaz), pero no me he separado de ella desde entonces. Mantenemos una relación inalterable en el tiempo, y aunque alguna vez se me ha caído al suelo, le ha pasado un vehículo espacial por encima,  y se ha quedado más chafado que que la Copa del Rey en la celebración del planeta Foro, nunca ha dejado de funcionar y de sacarme de los mayores marrones que os pudierais imaginar.

Al principio era peligroso porque a la mínima se encendía, y más de una vez he llegado a casa con un siete en el pantalón, alguno tan grande que no era un siete, era un setecientos. Mi madre se ponía de los nervios por tener que zurcir todos los días. Por mi culpa llegaba siempre tarde al bingo la pobre. Pero pronto pasó la etapa del aprendizaje en la que fui adiestrado por mi maestro Obi Wan, gran conocedor de todos los secretos de su manejo, de todos sus intríngulis (Hay que ver la palabreja; suena a práctica sexual ¿verdad? -"¿Quieres que te haga un intríngulis?" "¡Calla, cochino!"), que me intentó guiar por los caminos del bien y todo ese rollo macabeo de "paz, hermano" y "no a la guerra"... ¡Si los hippies pasaron de moda hace décadas! El Lado Oscuro es más divertido, dónde va a parar.

Durante esa etapa de aprendizaje, recuerdo que mi padre me llevaba los domingos por la mañana a los combates en su nave espacial. Íbamos a algún planeta cercano a competir con otros niños del sistema solar -primero en la liga de alevines, luego la de cadetes, etc.- y nos daban diplomas, medallas y todo eso. Los padres se sentaban juntos y claro, saltaban chispas en seguida. Primero la tomaban con los árbitros -"¡Arbitro! ¿No has visto que le han cortado el brazo a mi chiquillo en falta?", luego con los entrenadores -"¡A ver cuando sacas a mi hijo a que lo maten un poco como a los demás! ¡Ya está bien de tanto banquillo, que le van a salir almorranaaas!" y al final terminaban peleándose entre ellos -"¿Que mi chaval es un paquete? ¡Pues, anda que el tuyo! ¡Pero si lo han desintegrado a la primera!". No sé si alguno sabe de lo que estoy hablando: quita la espada y pon una pelota. A los padres no les sienta bien madrugar los domingos, está claro.

Luego estallaron las Guerras Clon y me mandaron para el frente, me dejaron solo en la trinchera con mi sable láser y me dijeron que me las apañara como pudiera, que como la guerra estaba durando mucho, se les estaba acabando el presupuesto. Vamos, que no tenía donde cargar la batería de la espada por las noches. Así que tenía que usarla con mucho conocimiento; tenía que ensartar a los malos de dos en dos o de tres en tres para ahorrar luz. A ver si os suena esto:

- "Hola. ¿Es el enemigo?"...
- "No, es que dice el teniente que si vais a atacar esta noche"...
- "¿Y cuántos sois?... ¿Tantos? Es que no vamos a tener balas para todos"...
- "Bueno, nosotros os las damos y ya vosotros os las repartís"...

(Pequeño homenaje al gran Gila)

Afortunadamente aquello acabó bien y gracias a mi espada salí victorioso de todas las peleas en que me metí. La de cabezas y piernas que habrá cortado. Más que el cuchillo de un pollero. Si pudiera hablar... Bueno, pues desde entonces la llevo colgando del cinturón y no salgo nunca a la calle sin ella, que a veces hay que enseñarla un poco para disuadir a más de uno de esos que hacen encuestas o venden lotería de la Cruz Roja. También es muy útil como linterna, como sacacorchos o para quemar verrugas. Coges la espada y ¡Zas! Asunto solucionado. Una vez ayudé a un amigo que se había olvidado las llaves de la nave dentro, encima del asiento. Le hice un agujero en el techo para que entrase y aún estoy esperando que me dé las gracias. ¿Será ingrato el tío?

Llevar una espada láser encima es una responsabilidad muy grande. Por ejemplo, si vas en el astro-metro en hora punta o estás en la cola del cine espacial, tienes que tener mucho cuidado no se te vaya a encender sola y tengas una desgracia. No sería la primera vez que mi princesa, Leia, se pensaba que me alegraba de verla y era otra cosa en realidad lo que abultaba bajo mi capa, o que me pitaba al pasar por la seguridad de un aeropuerto o de un museo, o que se me caía entre los asientos de la nave espacial y a ver quién era el guapo que la cogía sin quemarse. En fin, que a pesar de todo, llevar sable láser encima está muy bien y os lo recomiendo.

martes, 26 de abril de 2011

El atún japonés


Quién no ha oído nunca hablar del atún japonés, tan nutritivo y tan rico él.

En este anuncio de hace la tira de años nos lo explican, por si alguno no sabía de su bondad para deportistas y jubilados.

miércoles, 20 de abril de 2011

Personajes del Lado Oscuro. Hoy: Darth Ansar.


Quería iniciar con esta entrada de hoy una serie dedicada a todos aquellos personajes que pueblan el Lado Oscuro de la Fuerza, es decir, los malos de la galaxia, pero que, por unos motivos o por otros, no fueron elegidos para representar ningún papel en las seis películas de la Saga Star Wars. Unos no lo fueron por superpoblación de malos, vamos, que había tantos para escoger, que hubo que hacer una criba y sobraron; otros por ser poco malos, con lo que su perfil del Lado Oscuro podía quedar gris claro y algunos -los menos- por ser tan, tan malos que no habrían resultado creíbles y la gente al verlos habría pensado: "¡Hala! S´han pasao. No es posible alguien tan malo. Se moriría envenenado al tragarse su propia saliva. No me lo creo. Uuuh".

El caso que nos ocupa hoy es el de Lord Aznar, también conocido por Darth Ansar o, como le llaman en casa, "el Josemari". Como todo lord Sith, antes fue un Caballero Jedi y se pasó al Lado Oscuro después de una experiencia traumática en su vida que le hizo ver las cosas de otra forma. Normalmente dichas experiencias, puntos de inflexión o más vulgarmente conocidas por batacazos, suelen ser despechos amorosos, decepciones de tu equipo de fútbol o golpes de la vida en general. Los finolis lo llaman shock, que siempre suena mejor y más científico si se dice en inglés, y no digamos en latín: guarrazus maximus. En cambio otras veces, consisten en tonterías, chorradas sin importancia que a otro ser no le producirían tal efecto, pero que a ti te marcan para siempre, como podría ser descubrirte tu primera cana o pisar una caca de perro por la calle. El caso es que siempre, siempre hay un motivo para cambiar de bando y pasarte al Lado Oscuro.

Darth Ansar fue un famoso Caballero Jedi antes de la mutación, lo que pasa es que sus hazañas en pos de la justicia universal y sus desvelos por proteger al prójimo más desfavorecido no se han recogido en la Enciclopedia de la Fuerza. Es extraño, pero no hay datos sobre esa parte de su vida. Pero de lo que sí hay datos es del suceso que le marcó para siempre y le hizo convertirse en un señor del mal, en un seguidor del Reverso Tenebroso de la Fuerza. Os lo intentaré contar de la manera más gráfica posible: se comió un caramelo de café con leche y se le quedó pegado al paladar justo antes de pronunciar sus primeras famosas palabras como Darth Ansar: "Márchese, Sr. Skywalker, márchese" (No, no, tranquilos, no se refería a mí, sino a otro Skywalker, que es un apellido muy común aunque no lo parezca).

En adelante tuvimos que verlos a él, a su gaviota y a su bigote (de él, no de la gaviota) en las paredes de nuestra ciudad, en las vallas de las carreteras y en los debates por televisión. Hasta un día que, por un efecto de la Fuerza -que todo lo puede-, llegó a ser Canciller Supremo y, a partir de ahí, usó sus poderes para esclavizar a los seres vivos y sembrar el terror por doquier. El miedo se apoderó de la galaxia, y mientras, Darth Ansar se rodeaba de otros lores oscuros como él en castillos góticos planeando desintegrar algún planeta díscolo. Famosa es la foto que ilustra uno de aquellos encuentros, la del planeta Azores, con otros dos caballeros Sith famosos: el Conde Blair y Darth Bush. El momento que recoge el documento es cuando Darth Bush atiza un puñetazo en los riñones a Darth Ansar. Espeluznante.


Después de un periodo de alianzas con otras celebrities del reverso tenebroso, como el diseñador de moda General Gadafius, antes amigo de todos y ahora solo de sus hijos; Sith Berlusconus, el macabro líder, exterminador de mujeres mayores de 18 años; o el eternamente anciano gobernador del planeta ¡Azúcar!, Darth Castrus, etc. Después de aquello, decíamos, Darth Ansar, cansado, se retiró al sistema solar USA a dar clases de maldad y oscurantismo en una universidad muy famosa, esto... sí, hombre, la... la universidad esa. Y para que no estuviéramos huérfanos de su presencia nos dejó a su padawan, a su alumna más aventajada, que nos ha regalado algunas de las frases más grandes y sesudas que ha dado la historia del pensamiento humano, como la de las peras y las manzanas. Grande Lady Ana Botella, muy grande la Botella. A su lado Heráclito, un tontolculo. 

Tras unos años en los que casi nos habíamos olvidado de su poder maligno, y aprendíamos a ser personas mejores cada día gracias a las enseñanzas de su sucesora, nos enteramos que Darth Ansar está de vuelta por aquí ¡Sin bigote! No porque pretenda regresar a reclamar su reino, sino porque le parece que hay poco mal en la galaxia. El lado claro de la Fuerza está ganado terreno al oscuro y hay que compensar. La culpa la tiene un personaje que ha estado todo este tiempo entre nosotros y nos ha llenado de bondad los corazones: el Jedi Zet A.P., el líder planetario de la más grande alianza galáctica: la Alianza de Civilizaciones.


No cabe duda que estamos mucho mejor ahora ¿verdad? Dónde va a parar: casi no hay paro, las hipotecas están muy baratas, ¿crisis? ¿qué crisis?, ya no hay guerras, los países árabes son un remanso de paz, la economía goza de muy buena salud, etc. Pero eso enerva mucho a Darth Ansar, no puede soportar tanta bondad en nuestros corazones y ha vuelto por sus fueros, ha vuelto buscando venganza. Quiere que volvamos a tiempos anteriores, pretende que podamos descargarlo todo gratis por internet, que fumemos en los bares, todos sin excepción, hasta los no fumadores; que haya crucifijos en todas las escuelas, sean de la religión que sean; que se vuele a más de 110 por las autopistas galácticas, ... Tiene sed de mal. ¡WA JA JA JA! (risa tenebrosa). Pero no le vamos a dejar, vamos a plantar cara al Lado Oscuro. Es la hora de la libertad. Confiamos en nuestro líder Jedi Zet, él nos... Un momento. Pero... Ah, que me dicen que ya no está, que se ha retirado. Es igual, su sucesor, que aún no se sabe si será el Jedi Rub Al Kba o la Princesa Cha Kon, nos salvará de esta. Seguro. Aquí los vemos a los dos en una actitud meditativa de recogimiento e introspección profundos, que es el verdadero camino de la Fuerza.



En la próxima entrega de los personajes del Lado Oscuro, os hablaré de Lord Ahmadineyad, quien, desde el planeta de la ira, Irán, pretende que todos nos pongamos un velo negro. Todos: mujeres, hombres y niños.

Stay tuned.

lunes, 18 de abril de 2011

Ser un Caballero Jedi hoy


Cuando entré en el zaguán de los ascensores de la Estrella de la Muerte ella ya estaba allí. Le saludé cortésmente, pues era una vecina de mi misma planta y nos habíamos visto varias veces antes de aquel día. -"Buenas tardes", me contestó con su mejor sonrisa. Me situé a su lado esperando que bajara el transportador y empecé la típica conversación de portal mientras miraba los números descender. Doscientos quince, doscientos diez, doscientos cinco,... -"Vaya, parece que refresca más que ayer ¿no?". Su respuesta fue también típica; no esperaba nada más profundo de quien apenas había cruzado unos pocos "hola" conmigo en varios meses. Sus ojos tampoco se apartaban de la pantalla al hablar. Por fin el cero. El ascensor se detuvo y se abrieron las puertas delante de nosotros; alargué mi brazo derecho haciendo una indicación hacia la cabina y le pedí que pasara. Ella contestó a mi gesto de la misma manera: ofreciéndome pasar primero. -"No, por favor, tú primero", insistí y añadí: -"Faltaría más, las damas primero". Y va y me suelta ella: - "A mí no me han educado así". Seco, cortante, helador. Jamás me habían dicho aquello en todos los años de mi vida. Jamás me habían preparado para recibir una respuesta así de fría ante un gesto que se supone hecho con la mejor de las intenciones: la de actuar como debe hacerlo un caballero sin más.

A los hombres educados en el siglo XX nos está costando aclimatarnos a los tiempos que corren. Tiempos de discriminación positiva, paridad, igualdad de sexos y demás cosas que están muy bien, pero que no creo que estén reñidas con la buena educación y la caballerosidad. Un caballero, por definición, no es un machista. A lo mejor mi vecina hubiera preferido que llegara y no dijera nada y que me metiese en el ascensor dándole un codazo. Igual estaba educada para eso y hasta lo podría tolerar. Pero para que le cedieran el paso, para que fueran amable con ella, para eso no. Antes muerta. Para mí, aquello sería actuar como un machista.

Lamento ofender a ese tipo de mujeres, pero no pienso apartarme ni un centímetro de mi camino, principalmente porque creo que es el correcto. Es más, ya educo a mis hijos para que sean unos caballeros y me hagan sentir orgulloso por ello. No se trata de que vayan contra ninguna corriente; de hecho, saben perfectamente que hombres y mujeres somos exactamente iguales en todo, en derechos y en obligaciones. Es algo que han mamado de pequeños, no como nosotros, que hemos tenido que reciclarnos, y algunos con más fortuna que otros. También Leia y yo les educamos para que se aparten, e incluso denuncien, a quien vean tratar  desde la superioridad a una mujer por el mero hecho de serlo. Ser caballero no es un derecho, es un deber.

Pero ¿en qué consiste ser un caballero?

En otras galaxias y en otros tiempos, un caballero era un señor que iba por los caminos defendiendo el honor de su amada, espada en ristre, ante todo aquel que osara mancillarlo. Rocín, escudero, armadura y el honor con mayúsculas; no había más. En mi galaxia, un caballero Jedi es el que demuestra su nobleza en la lucha, su simbiosis con las demás criaturas vivas y la sabiduría en sus palabras. O sea, un muermo de toda la vida.

Ser un caballero Jedi es demostrar respeto por la vida -animal o vegetal-, es portarse con los demás como te gustaría que se portasen contigo. También es ser noble en el juego y en la lucha. Es preferible perder y saber extraer lo positivo de tu derrota que ganar a cualquier precio por el hecho de ganar, aunque sea suciamente. Ser un caballero, Jedi o no, es no hacer trampas en el póker; no mentir a los profesores (a Hacienda ya es otra cosa); no juzgar a nadie por sus condiciones de nacimiento, sino por sus actos; es conducir por el carril de la derecha y no fastidiar a los que quieren adelantar. Ser un caballero es no aterrizar con tu nave espacial en las plazas de minusválidos, es no hacer "simpas" en el bar, no sisar a tu madre, no eructar en la mesa con la boca abierta, no pisar el césped salvo que estés jugando al fútbol, etcétera, etcétera.

Yo creo que es positivo todo lo que digo, no se va contra nadie, no hay mala fe nunca, no se buscan enemigos, ni excusas ni se culpa a los demás cuando no se consiguen las cosas. Habrá quien confunda estos valores con ser un "flower-power", pero no es lo mismo, ni mucho menos. No se trata de ser un ingenuo ni un perroflauta, se trata de ser un caballero, de ir de frente; se trata de ser alguien en quien se puede confiar, alguien cuya palabra vale más que el oro, salvo que acudas a la casa de empeño, claro.

Y para terminar la charla, unos "minutos musicales".


martes, 12 de abril de 2011

Los hijos: esos Jedis bajitos (Episodio I)

Nota del Sr. Skywalker del 12 de abril de 2011:

Esta entrada fue escrita y publicada el pasasdo 11 de marzo. Hoy, un duende graciosete que pasaba por aquí, ha tenido la genial idea de cambiarla de sitio y colocarla donde la veis.
Los primeros 10 comentarios pertenecen a esas fechas y el único que parece haberse dado cuenta ha sido Fer. Un poco sospechoso ¿no?
Lamento el trastorno que os he ocasionado y prometo por la Fuerza escribir una segunda parte ya pronto corriendo muy deprisa. 
Pero hoy, no... ¡MAÑANA!

Que la disfrutéis los que no la leísteis.


Siguiendo los Mandamientos de La Fuerza, nací, crecí y me multipliqué. No por uno, ni por dos, no. Por tres. Ya que se hace, se hace bien ¿no?

El mayor de los Skywalker, Luke, vino de cuando yo no era un Señor Sith, cuando aún no me había pasado al Lado Oscuro. Son cosas que pasan y ellos no tienen culpa de nada. Le quiero igual que si viviera con su madre, a la que también le deseo lo mejor allá en su galaxia lejana, que, cuanto más lejana esté, mejor.

Luke es un artista de los pies a la cabeza. Va al Conservatorio Galáctico y ha compuesto ya cosas. Toca el astro-piano que da gusto, sobre todo a la hora de la siesta, y se está iniciando en el maravilloso mundo de la pintura. ¡Con lo que mancha la puñetera! Aún así, y aunque suene extraño, no descuida su formación en la Academia Jedi, que es lo que como padre más le agradezco a esta edad.

El segundo en llegar fue Obi Wan, el primero fruto del amor entre Leia y un servidor. Es el deportista de la casa; juega al fútbol sideral, a la pilota galáctica, al cosmo-basket,... Vamos, a lo que le echen. Lo aguanta todo, como la espóntex. Claro, así come luego, criatura, lo que le echen también. Una gran parte del sueldo de un Jedi se va en en comida, pero ya hablaré otro día del planeta Carrefour, que cae cerca de aquí y voy todas las semanas a llenar la nave espacial de bolsas.
Obi Wan tuvo la suerte de nacer en la primera hornada de hijos de los que llegamos a la Estrella de la Muerte . A todas las nuevas habitantes les dio por quedarse embarazadas a los pocos meses de entregarnos los pisos  y era gracioso verlas por la Base Imperial a todas, primero con sus barrigas, luego con sus cochecitos y más tarde correteando detrás de sus retoños y gritando: "¡Yosua, cómete el bocata de chopeeed!". Claro que de aquello nació una gran amistad, primero entre las madres, y luego entre los hijos. Los padres estamos todos escondidos. Te diré.

Por eso decía lo de la suerte de Obi Wan, porque tiene un millón de amigos (como Roberto Carlos) todos de su edad. Cuando se ponen a jugar en la base no hay quien pueda pasear sin llevarse un balonazo en la cabeza. Bendita infancia.

Pero no sólo es deportista. también le van muy bien las clases para ser un Jedi de provecho. Sus instructores están muy contentos con él y destacan la cantidad de midiclorianos que tiene. Le encantan los gadgets como a su padre y se ha pasado todos los niveles del Lego Star Wars con los ojos cerrados.

Y el último y no por ello menos Jedi es Anakin. Le pusimos el nombre pensando en el personaje de la Saga, que es un poco revoltoso e inquieto como él. También apunta maneras con el arte, como su hermano mayor. Ha tenido menos suerte que Obi Wan con lo de los miembros de su generación. Son menos y la mayoría niñas. No es que le parezca mal, al contrario: le gusta estar con ellas, pero ellas prefieren la compañía femenina y lo suelen echar de los corrillos, cuando juegan a lo que todas las niñas, a los papás y las mamás, dieciéndole: "tú no, que ya hay un papá, ya tenemos suficiente". Y el pobre sufre los rigores del destierro con entereza y valor. Se viene a donde está sentada su madre y le pide otra bolsa de patatas. ¿Será por patatas? ¿Será por madre?

Así que estos son mis hijos, los Skywalker. A Leia y a mí nos encanta pasear en bici espacial los domingos con ellos. Parecemos un club de fans de Star Wars, todos con nuestras capas y nuestras espadas láser. Lo que os puedo asegurar es que no hay alienígena que se atreva con nosotros. 

¿Será el poder de la fuerza?