martes, 12 de abril de 2011

Los hijos: esos Jedis bajitos (Episodio I)

Nota del Sr. Skywalker del 12 de abril de 2011:

Esta entrada fue escrita y publicada el pasasdo 11 de marzo. Hoy, un duende graciosete que pasaba por aquí, ha tenido la genial idea de cambiarla de sitio y colocarla donde la veis.
Los primeros 10 comentarios pertenecen a esas fechas y el único que parece haberse dado cuenta ha sido Fer. Un poco sospechoso ¿no?
Lamento el trastorno que os he ocasionado y prometo por la Fuerza escribir una segunda parte ya pronto corriendo muy deprisa. 
Pero hoy, no... ¡MAÑANA!

Que la disfrutéis los que no la leísteis.


Siguiendo los Mandamientos de La Fuerza, nací, crecí y me multipliqué. No por uno, ni por dos, no. Por tres. Ya que se hace, se hace bien ¿no?

El mayor de los Skywalker, Luke, vino de cuando yo no era un Señor Sith, cuando aún no me había pasado al Lado Oscuro. Son cosas que pasan y ellos no tienen culpa de nada. Le quiero igual que si viviera con su madre, a la que también le deseo lo mejor allá en su galaxia lejana, que, cuanto más lejana esté, mejor.

Luke es un artista de los pies a la cabeza. Va al Conservatorio Galáctico y ha compuesto ya cosas. Toca el astro-piano que da gusto, sobre todo a la hora de la siesta, y se está iniciando en el maravilloso mundo de la pintura. ¡Con lo que mancha la puñetera! Aún así, y aunque suene extraño, no descuida su formación en la Academia Jedi, que es lo que como padre más le agradezco a esta edad.

El segundo en llegar fue Obi Wan, el primero fruto del amor entre Leia y un servidor. Es el deportista de la casa; juega al fútbol sideral, a la pilota galáctica, al cosmo-basket,... Vamos, a lo que le echen. Lo aguanta todo, como la espóntex. Claro, así come luego, criatura, lo que le echen también. Una gran parte del sueldo de un Jedi se va en en comida, pero ya hablaré otro día del planeta Carrefour, que cae cerca de aquí y voy todas las semanas a llenar la nave espacial de bolsas.
Obi Wan tuvo la suerte de nacer en la primera hornada de hijos de los que llegamos a la Estrella de la Muerte . A todas las nuevas habitantes les dio por quedarse embarazadas a los pocos meses de entregarnos los pisos  y era gracioso verlas por la Base Imperial a todas, primero con sus barrigas, luego con sus cochecitos y más tarde correteando detrás de sus retoños y gritando: "¡Yosua, cómete el bocata de chopeeed!". Claro que de aquello nació una gran amistad, primero entre las madres, y luego entre los hijos. Los padres estamos todos escondidos. Te diré.

Por eso decía lo de la suerte de Obi Wan, porque tiene un millón de amigos (como Roberto Carlos) todos de su edad. Cuando se ponen a jugar en la base no hay quien pueda pasear sin llevarse un balonazo en la cabeza. Bendita infancia.

Pero no sólo es deportista. también le van muy bien las clases para ser un Jedi de provecho. Sus instructores están muy contentos con él y destacan la cantidad de midiclorianos que tiene. Le encantan los gadgets como a su padre y se ha pasado todos los niveles del Lego Star Wars con los ojos cerrados.

Y el último y no por ello menos Jedi es Anakin. Le pusimos el nombre pensando en el personaje de la Saga, que es un poco revoltoso e inquieto como él. También apunta maneras con el arte, como su hermano mayor. Ha tenido menos suerte que Obi Wan con lo de los miembros de su generación. Son menos y la mayoría niñas. No es que le parezca mal, al contrario: le gusta estar con ellas, pero ellas prefieren la compañía femenina y lo suelen echar de los corrillos, cuando juegan a lo que todas las niñas, a los papás y las mamás, dieciéndole: "tú no, que ya hay un papá, ya tenemos suficiente". Y el pobre sufre los rigores del destierro con entereza y valor. Se viene a donde está sentada su madre y le pide otra bolsa de patatas. ¿Será por patatas? ¿Será por madre?

Así que estos son mis hijos, los Skywalker. A Leia y a mí nos encanta pasear en bici espacial los domingos con ellos. Parecemos un club de fans de Star Wars, todos con nuestras capas y nuestras espadas láser. Lo que os puedo asegurar es que no hay alienígena que se atreva con nosotros. 

¿Será el poder de la fuerza?

Aquellos maravillosos años

Hay que ver cómo pasa el tiempo. Así era yo hace unos años cuando era pequeño.



¿A que era una monada?
No, el coche no, yo.

El Sr. Skywalker al desnudo


No, no me he vuelto loco, no voy a pasarme al lado oscuro del porno ni nada parecido. Ya sabéis que este blog está dirigido a todos los públicos y por respeto a los más pequeños no quiero caer en la zafiedad ni en la vulgaridad. Para eso ya existen otros sitios, dicho con todos los respetos. Así es que los que busquéis imágenes subiditas de tono o textos explícitos, lo siento, pero éste no es vuestro espacio.

Entonces, ¿a qué viene el título de hoy y la foto que lo ilustra, os estaréis preguntando? Pues, muy sencillo, a que el amigo Fer, del blog "Mi Generación Z", me ha concedido el premio más importante de mi carrera, blogueril: el premio... El premio, qué premio va a ser, pues el de Fer. La condición que me ha impuesto el comité de agasajos es que tengo que publicar aquí mismo siete manías mías y hacer lo mismo que él: entregarlo a otros siete blogueros que yo considere que se lo merecen. Lo segundo está difícil, ya que somos una familia en la blogosfera y cada vez queda menos gente que no lo tenga ya, pero lo intentaré. Lo primero es lo que me parece mucho más complicado. ¿Por qué? Pues porque tengo tantas, tantas manías, que escoger sólo siete me va a resultar casi imposible, pero allá voy, a la piscina y sin agua. Que sea lo que la Fuerza quiera.

  1. - 1ª manía: Voy guardando la ropa interior en el cajón desde abajo hacia arriba cuando la lavo, de manera que la primera que tengo que coger, es decir, la que está en la parte superior, es la que hace más tiempo que lavé. De esa forma me aseguro el no ponerme muchas veces los mismos tres o cuatro calzoncillos o camisetas y que no se quedan en el fondo del cajón los que nunca uso.
  2. - 2ª manía: Cuando lleno el lavavajillas lo hago colocando siempre las cosas en el mismo sitio: los vasos de colores de los pequeños jedis en un lado, los de cristal en otro, los platos hondos, los de postre, etc. Cuando Leia u Obi Wan dejan algo de vajilla para lavar y no está en el sitio que yo he asignado para cada cosa, me pongo nervioso y lo cambio ipso facto. 
  3. - 3ª manía: No soporto a la gente que aterriza con su nave espacial en los hangares y no la deja paralela a las rayas del suelo, o sea que la deja torcida. Y no te digo nada de los que ocupan más de una plaza. Eso me pone enfermo y me entran ganas de dispararles un rayo láser y desintegrarles la nave.
  4. - 4ª manía: Soy incapaz de ver un cuadro torcido en la pared. Lo tengo que colocar bien, si no, no me quedo a gusto.
  5. - 5ª manía: Si un CD de música es doble y uno es el uno y el otro es el dos, se escuchan en ese orden, nunca al revés.
  6. - 6ª manía: Cuando corro por el río siempre lo hago por los mismos lugares. Nunca pongo los pies en ningún sitio que no los haya puesto antes, o sea que me piso las huellas todos los días.
  7. - 7ª manía y última: No soporto que los demás lleguen antes que yo al trabajo. Tengo que ser el primero y abrir yo "la paraeta", que decimos en mi planeta, si no ya no estoy tranquilo hasta el día siguiente en que lo vuelvo a intentar.
Pues ya está, ya me conocéis un poco más. No ha sido tan difícil. Buff, bueno, sí lo ha sido, pero ha valido la pena el esfuerzo. Todo sea por que luzca el premio en mis vitrinas. Qué contento estoy; un mes y poco más en este mundillo y ya tengo mi primer galardón. Corro a ponerlo en el mejor sitio de esta galaxia.

Y ahora, los siguiente siete nominados para el premio del blog son.... (suenan redobles de tambor):
Hala, chavales y chavalas, a escribir y a haceros merecedores de tan alta distinción galáctica.

¡Ah! y que la Fuerza os acompañe.

jueves, 7 de abril de 2011

Leer puede ser perjudicial para la salud


Desde que mis pequeños jedis aprendieron a leer (incluido Anakin, que a sus tiernos cinco años ya hace sus pinitos con todos los carteles que ve por la calle o por la casa), Leia y yo les hemos inculcado el amor por los libros. Hace mucho tiempo aprendí que en una casa donde los padres leen a menudo, los hijos adquieren con mayor facilidad ese hábito, que sobra decir aquí cuán beneficioso es para todo el mundo.

No es este blog, que quiere ser ligero y desenfadado, un foro adecuado para discutir si leer es bueno o no. Lo es y punto. Porque lo digo yo, que para eso soy un lord Sith y, ay del que ose llevarme la contraria. ¿Estamos? Peeero... Me apetecía demostraros que leer NO SIEMPRE es bueno para el espíritu. Es más: a veces puede resultar perjudicial para la salud mental y por supuesto la económica. Vamos, lo que viene siendo tirar el dinero. Y como muestra, unos botoncitos.

El primero de la lista de libros perjudiciales es... 


Como se me ocurriera leerle alguno de estos cuentos a mis hijos antes de dormir y visualizasen a Doña Ana y a su enorme dentadura sentadas junto a su cama, recitando las aventuras del reno Rudolf, les podría quedar un trauma muy difícil de superar para el resto de sus vidas. Pobrecicos.

El segundo, y no por ello menos perjudicial, es cualquier libro de los pomposamente llamados de auto ayuda, por ejemplo éste...

El título lo dice todo. Y es en los títulos donde basan el éxito de sus ventas, porque, vamos a ver, ¿a quién no le apetece ser una mierda? Éxito de ventas seguro.

Seguimos con los relatos de gente famosa y en tercer lugar tenemos...


Todos los que tengáis más de treinta os acordaréis del jugador del Súper Dépor, Donato, y la campaña que hizo en televisión de este libro, llamémosle, de ¿auto ayuda? Yo al menos sí.

En el cuarto lugar, y también de un famosete...


Impagable el papelón que hizo AR cuando se supo lo del plagio y su cara dura echándole la culpa al "negro", pero ¿conocéis a alguien que lo haya leído?

Y ya, para cerrar el "top five" de incunables que NO hay que leer...


Éste se comenta solo ¿no? Por favor, madres de quinceañeras, no les dejéis leerlo si queréis a vuestras hijas aunque sea un poquito.

La lista puede ser mucho mayor, pero la intención es la misma: pseudo libros que se venden ya por lo famoso de su "autor", ya por lo llamativo de su título. Supongo que es algo viejo como la literatura misma, pero a veces no está de más que alguien que os quiere os lo recuerde.

Y recordad que el libro que NO debe faltar en vuestras casas es...


Hala, todos a leer.

lunes, 4 de abril de 2011

Mi nave espacial


Por motivos de trabajo tuve que comprarme una nave hace unos años, más de los que yo quisiera, porque algunos vecinos la cambian cada tres o cuatro años sólo para dar envidia a los demás vecinos y la mía se va quedando anticuada a su lado. Bueno pues, después de buscar en blogs especializados y de patearme el planeta de concesionario en concesionario, encontré a la que es mi compañera de fatigas y que tantos sistemas solares ha recorrido conmigo: mi "Tie Fighter".

¿Mi qué? ¿Cómorrr? No os dejéis impresionar  por el nombre porque tampoco le hace justicia. "Caza lazo". Ya ves tú que el que pone los nombres a las naves espaciales tampoco se devanó los sesos. La miró no más de cinco segundos y dijo: "tiene forma de pajarita o de lazo, pues ¡eureka!, la llamaré caza lazo". Menos mal que no le pareció que tenía forma de pepino o de pincho de tortilla, porque le planta el nombre igualmente y se queda tan ancho. Porque digo yo que para ser el que pone los nombres a las naves habrá tenido que estudiar algo, ¿o darán los títulos de "nombrador de naves" en alguna universidad? Tendré que profundizar sobre la cuestión.

La verdad es que fue una oportunidad y no la podía dejar escapar. Era una nave que había en el concesionario de ésas que tienen que comprar a la fábrica para llegar a objetivos y que, como ya había salido otra tecnología en motores más moderna, los alfa-omega-pi, se les había quedado sin vender. Total por unos meses y por una letra, que la mía es motor beta-omega-pi, ya ves. Como no soy pejiguero con esas cosas no me importó. El caso es que no pude escoger color porque ya lo tenía: gris galáctico. Lo que sí pude escoger fueron los adhesivos de "toi contento" y de "mi otra nave es un Halcón Milenario" que le puse detrás, para darle un toque personal, para tunearla, que dicen los modernos.

Durante los más de ocho años que la tengo me ha dado muchas satisfacciones, me ha llevado a todas partes y casi no me ha dado problemas. Imagino que los típicos de todos los cazas: que si un cambio de alerones o dos, que si corres mucho se desgastan que no veas, o una vez que me hacía un ruidito y no sabía qué era hasta que abrí la tapa del motor y encontré al gato de la vecina dentro. No os cuento en qué estado lo encontré por si sois sensibles, pero sí os diré que me costó varios botes de limpiador quitarlo de allí. El pobre. Bueno, yo tampoco le pedí que se metiera, lo hizo porque quiso. Que apechugue y que aprenda para otra vez. Aunque no creo que haya otra vez.

Los animales y las naves dan para contar y no parar, y tampoco es plan. Pero cada vez que me acuerdo del perro que tenía mi mamá y de cuando me tocaba a mí llevarlos a los dos a la estación  espacial de veranero, no siento ninguna nostalgia; el condenado me dejaba la tapicería llena de pelos y las botas llenas de babas. Yo lo habría transportado en la bodega de carga pero a mi madre le parecía inhumano, perdón, incanino, y se empeñaba en que fuera entre sus piernas debajo del asiento del copiloto. Con el calor del verano el perro siempre estaba con la lengua fuera, con lo que en cada viraje del camino, su filete iba de un lado al otro colgando como el péndulo de un reloj de pared. Cuando giraba la nave hacia la derecha, su lengua balanceaba a ese lado, pero cuando giraba a la izquierda, aquel enorme y húmedo cacho de carne se golpeaba con mi bota dejándola brillante y pegajosa hasta que volvía a mi casa y la podía limpiar. Tenía que salir a todo correr por el hangar para que no me viera ningún vecino en ese lamentable estado, porque sólo me faltaba que fuera uno de los que estrenaban nave cada poco.

Lo cierto es que la nave espacial me ha salido buena y cuando pase la crisis espero poder comprarme otra igual para dar envidia a mis vecinos. Aterrizaré en la entrada de la Estrella de la Muerte y haré como que estoy esperando a que baje Leia y saludaré a todos desde dentro con una sonrisa de oreja a oreja. Ah, no, que con el casco-máscara no se nota si sonrío. Bueno, mejor, porque mientras tanto, con lo que falta para que se acabe la dichosa crisis, no me notarán tampoco la cara de envidia que se me pone cada vez que los veo con sus naves nuevas. 

Si es que no hay mal que por bien no venga.


jueves, 31 de marzo de 2011

La Ciencia... ¿Ficción?

A veces la realidad supera a la ficción.

Creo que la noticia no necesita más comentarios.




miércoles, 30 de marzo de 2011

El planeta K-Refour

Todos los lunes por la tarde voy al planeta K-Refour a hacer la compra semanal. Todos los lunes del año, excepto fiestas, cojo mi nave espacial, salgo del hangar de la Estrella de la Muerte y me planto allí en dos minutos. Sí, cae cerca. Eso es importante, porque de otro modo no sería económico hacer la compra. Si tuviese que recorrer la galaxia para llenar la cesta, al precio de los alimentos habría que sumar el del combustible y, con lo que está subiendo el pluto plutonio, sería para planteárselo. Por ejemplo, hay otros planetas donde se puede adquirir comida y lo demás para la casa, como el planeta Mer-K-Dona, el asteroide Pry-K, la estación espacial Al-K-Mpo o la luna K-Prabo (Qué curioso: todos llevan la K... ¿Será por algo?), pero están más lejos y no es rentable.

Y es que hay que mirar mucho los precios, que la crisis es bastante universal. De hecho, tengo entendido que ha llegado a otras galaxias lejanas, como una que se llama la Vía Láctea, donde viven unos seres muy, pero que muy raros. Pero ésa es otra historia. En el planeta K-Refour no te cobran por aterrizar con la nave, lo cual ya es un dato a tener en cuenta, aunque no te atienden seres vivos cuando llegas, sino robots. Hay uno nada más llegar que tiene un brazo muy largo, a rayas blancas y rojas, y que te deja pasar sólo si le arrancas de la boca una tarjeta que deberás conservar hasta que te marches, porque si la pierdes, te toca pagar una fortuna por sacar la nave espacial de allí. ¡Pagar por llevarte tu propia nave! ¿Habrase visto? ¡Es el colmo!

El camino desde el hangar hasta lo que es propiamente el supermercado está plagado de obstáculos, algunos infranqueables. Tú llegas tranquilo y descuidado con tu carro y, de repente, individuos de todos los pelajes aparecen de la nada y te asaltan a cada paso intentando venderte una cuenta corriente de color naranja, un seguro para la nave espacial, un purificador de agua y no sé qué más cosas absurdas. Normalmente me deshago de todos ellos con mi espada láser. Voy soltando  mandobles a diestro y siniestro hasta que no queda ninguno. Cuando alcanzo la entrada, después de dejar los pasillos sembrados de cadáveres, me asalta un guardia imperial y me pide que selle las bolsas que llevo de otros comercios. Pero ¿por qué? ¿Acaso tiene miedo de que saque lo que llevo en las bolsas y lo ponga en las estanterías del K-Refour? ¿Qué pasa? ¿Así tendrán mas artículos para vigilar para que no les roben? No lo entiendo. 

Una vez dentro de lo que llaman la sala de ventas, o sea, los pasillos con estanterías, empieza la ciencia. Y es que hay que ser licenciado en exactas para entender lo que te dicen, porque no te venden comida, no, te ofrecen complicados cálculos aritméticos como 3x2, 4x3, la segunda unidad al 70%, lleva 2 y paga 1, el kilo le sale a tanto y otros quebrados, logaritmos neperianos y raíces cuadradas que, como no tengas una calculadora científica a mano, no podrás descifrar en tu vida. Gracias a que estudié con los mejores maestros, como el maestro Yoda, que si no, no sé qué habría sido de mí en estas lides. Así que cojo lo que necesito e intento no sucumbir a las tentaciones que tienen preparadas para los incautos, como que te regalen una bonita bandeja-cojín al comprar 120 latas de refresco del plantea Co-K-Cola (¡Anda! otra vez la K), o un abrelatas con mp3 si te llevas 15 garrafas de aceite lubricante para androides.

Cuando he terminado mi compra, voy a las cajas sin cajeras y paso los artículos por el escáner. ¡Pip! Luego  pago con mi tarjeta (la de crédito, no la del hangar) y vuelvo a llenar el carro, pero esta vez sin bolsas, que hace décadas que se extinguieron en este planeta. En vez de eso, utilizo unas de rafia que previamente he tenido que comprar. ¿Dónde? Pues allí, en el planeta dichoso, claro está. Luego vuelvo a pasar por el pasillo donde me asaltan de nuevo los alienígenas que me ofrecen cosas absurdas, como adosados en la playa, desenvaino la espada y dejo otra carnicería por los suelos a mi paso. Lo siento, el Lado Oscuro es lo que tiene. Llego a mi nave y la lleno con la compra. Por fin salgo del hangar (utilizando la tarjeta de la que os había hablado antes) y me dirijo a la Estrella de la Muerte.

Al llegar a casa, Leia me recibe en la puerta con la típica frase de todos los lunes: 
-"Arturo, ¿has comprado los cereales para Obi Wan? No los veo".
-"No, querida, no sabía que hicieran falta cereales". 
-"Pues sí, hombre, si te lo he puesto en la lista. Es que no miras bien ¿Ves? Lo pone aquí: ce-re-a-les. No te enteras de nada. Yo no sé para qué te hago la lista todas las semanas si luego no la miras. Pero, tú ¿en qué piensas cuando vas al planeta K-Refour?".