Continuando con el retrato descarnado y veraz, a la par que tierno y sensible, que inicié en su día acerca de mi descendencia en esta accidentada entrada, hoy quería seguir hablándoos sobre mi prole, pero más concretamente sobre uno de ellos, sobre el mayor de los Skywalker: Luke.
El pequeño Jedi primogénito sigue con sus clases de piano en el Conservatorio Superior "John Williams", donde progresa en el bello arte de las fusas y las semifusas. A estas alturas, en las que el curso está tocando (y nunca mejor dicho) a su fin, parece que ya tiene claro que lo suyo va a ser dedicarse a la música profesionalmente, pero no como intérprete sino como estudioso de los trabajos de otros músicos. En mis tiempos se podía escoger entre derecho, medicina y varias ingenierías. Ahora, con estos nuevos planes de estudios tan bolonios y tan raros, han aparecido carreras tales como Licenciatura en Composición con Medios Electroacústicos, Tecnicatura en Ciencia de los Animales de Laboratorio o Programa Universitario en Diseño de Historietas. ¡Flipa, colega! Que no se diga que no hay una carrera universitaria para ti. Ya solo falta que saquen una Ingeniería, por decir algo, en Control de Reproducción de Aves, vamos, lo que ha sido toda la vida capador o sexador de pollos. Ya puestos...
Pues eso, que quiere ser musicólogo. Que compongan otros, que les salgan callos en los dedos a los demás de tanto aporrear el piano, que a él le llama más distinguir cuándo una partitura la escribió fulano o mengano atendiendo al rabito de la clave de sol, que todo el mundo sabe que es un garabato bastante difícil de que te salga igual dos veces, por mucho que lo practiques. Por lo visto es una ciencia bastante compleja y trabajosa. Un ejemplo: un día alguien encuentra en un desván unas partituras que no están firmadas y es ahí cuando los de Christie's o los de Sotheby's llaman al musicólogo de guardia para que diga si esta danza turca la escribió Mozart en su juventud o Beethoven en plena crisis de los cuarenta. El día de la subasta quedarán muy bien si acompañan al papelajo con un certificado del musicólogo dando su docto veredicto: se trata de un blues escrito por Ramoncín en plena resaca de ginebra barata. No hay más que verlo; está claro. Ahora solo hay que sentarse y esperar a que te llamen de Londres cuando haya una subasta.
Pero la música no es la única de las manifestaciones artísticas que se le dan bien a Luke, también pinta. Lo hace en el lienzo, en la mesa sobre la que está el lienzo, en el suelo que hay debajo y alrededor de la mesa sobre la que está el lienzo y en la casa donde está el suelo que hay debajo y alrededor de la mesa sobre la que está el lienzo. Ese y no otro es el motivo por el que le he "invitado" a que pinte en casa de su abuelita en vez de hacerlo en la suya, que también es la mía. Por lo menos hasta que depure la técnica del salpicado sin querer. Que conste que le apoyo y le aliento a que pinte y me encanta que lo haga, pero todo tiene su Lado Oscuro y el de la mayoría de los artistas es que son unos guarretes. En cambio, para su abuelita, que Luke se codee con Picasso o con Sorolla es un orgullo tan grande, que no le importa lo más mínimo que le deje la casa hecha un collage de huellas dactilares y pisadas multicolor. Para eso están las abuelas.
Además de las artes están los estudios de bachillerato que sigue en el instituto galáctico "George Lucas", los cuales no van nada mal tampoco. Unas semanas quedan ya para que acabe el curso y las notas finales están al caer. Espero, por lo que he ido viendo a lo largo del año, que van a ser buenas, así que algún regalo le haremos. Vamos a tener que rascarnos el bolsillo, bueno, la pierna que hay debajo del agujero del bolsillo, porque la cosa está mu achuchá, aunque igual nos alcanza para un disco o una camiseta de Star Wars, ya veremos. Lo que se avecina ahora es el viaje de fin de curso, que todo el mundo sabe que consiste en un montón de adolescentes y sus hormonas ocupando las habitaciones de algún hotel que acaban de dejar los del Imserso. Vamos, turba descontrolada sustituyendo a turba descontrolada. ¡Qué horror! Pobres camareros. Aunque los que se llevan la peor parte en estos viajes son los profesores que acompañan a los chavales. Recuerdo mis viajes de fin de curso y lo que padecían los pobres para conseguir que cada uno de nosotros durmiera en la habitación que le tocaba. ¡Buf! Algún profesor tuvo que pasar la noche en el pasillo para impedir el trasiego de estudiantes puerta arriba, puerta abajo. Ya se sabe: primavera + hormonas + distancia de casa = Guerras Clon.
Supongo que se nota que estoy orgulloso de mis pequeños Jedis, no lo sé disimular. De momento no me puedo quejar de mi suerte al haber tenido a estos tres hijos tan majetes. Digo de momento porque, hasta que no llegue el día que me dejen abandonado en una gasolinera, me están demostrando que vale la pena ser padre.
Pues eso, que quiere ser musicólogo. Que compongan otros, que les salgan callos en los dedos a los demás de tanto aporrear el piano, que a él le llama más distinguir cuándo una partitura la escribió fulano o mengano atendiendo al rabito de la clave de sol, que todo el mundo sabe que es un garabato bastante difícil de que te salga igual dos veces, por mucho que lo practiques. Por lo visto es una ciencia bastante compleja y trabajosa. Un ejemplo: un día alguien encuentra en un desván unas partituras que no están firmadas y es ahí cuando los de Christie's o los de Sotheby's llaman al musicólogo de guardia para que diga si esta danza turca la escribió Mozart en su juventud o Beethoven en plena crisis de los cuarenta. El día de la subasta quedarán muy bien si acompañan al papelajo con un certificado del musicólogo dando su docto veredicto: se trata de un blues escrito por Ramoncín en plena resaca de ginebra barata. No hay más que verlo; está claro. Ahora solo hay que sentarse y esperar a que te llamen de Londres cuando haya una subasta.
Pero la música no es la única de las manifestaciones artísticas que se le dan bien a Luke, también pinta. Lo hace en el lienzo, en la mesa sobre la que está el lienzo, en el suelo que hay debajo y alrededor de la mesa sobre la que está el lienzo y en la casa donde está el suelo que hay debajo y alrededor de la mesa sobre la que está el lienzo. Ese y no otro es el motivo por el que le he "invitado" a que pinte en casa de su abuelita en vez de hacerlo en la suya, que también es la mía. Por lo menos hasta que depure la técnica del salpicado sin querer. Que conste que le apoyo y le aliento a que pinte y me encanta que lo haga, pero todo tiene su Lado Oscuro y el de la mayoría de los artistas es que son unos guarretes. En cambio, para su abuelita, que Luke se codee con Picasso o con Sorolla es un orgullo tan grande, que no le importa lo más mínimo que le deje la casa hecha un collage de huellas dactilares y pisadas multicolor. Para eso están las abuelas.
Además de las artes están los estudios de bachillerato que sigue en el instituto galáctico "George Lucas", los cuales no van nada mal tampoco. Unas semanas quedan ya para que acabe el curso y las notas finales están al caer. Espero, por lo que he ido viendo a lo largo del año, que van a ser buenas, así que algún regalo le haremos. Vamos a tener que rascarnos el bolsillo, bueno, la pierna que hay debajo del agujero del bolsillo, porque la cosa está mu achuchá, aunque igual nos alcanza para un disco o una camiseta de Star Wars, ya veremos. Lo que se avecina ahora es el viaje de fin de curso, que todo el mundo sabe que consiste en un montón de adolescentes y sus hormonas ocupando las habitaciones de algún hotel que acaban de dejar los del Imserso. Vamos, turba descontrolada sustituyendo a turba descontrolada. ¡Qué horror! Pobres camareros. Aunque los que se llevan la peor parte en estos viajes son los profesores que acompañan a los chavales. Recuerdo mis viajes de fin de curso y lo que padecían los pobres para conseguir que cada uno de nosotros durmiera en la habitación que le tocaba. ¡Buf! Algún profesor tuvo que pasar la noche en el pasillo para impedir el trasiego de estudiantes puerta arriba, puerta abajo. Ya se sabe: primavera + hormonas + distancia de casa = Guerras Clon.
Supongo que se nota que estoy orgulloso de mis pequeños Jedis, no lo sé disimular. De momento no me puedo quejar de mi suerte al haber tenido a estos tres hijos tan majetes. Digo de momento porque, hasta que no llegue el día que me dejen abandonado en una gasolinera, me están demostrando que vale la pena ser padre.






